martes, 21 de julio de 2026

PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO DE LA ANTIGUA TUXTLA

Ubiquemos a Tuxtla Gutiérrez, capital y… tienen razón algunas organizaciones de sancristobalenses, tal como ellas expresan: ¡Qué bueno que la capital de Chiapas no permaneció en San Cristóbal! Si allá se mantuviese, de la ciudad no quedarían sino algunos de sus antiguos templos católicos, retazos o deteriorados edificios públicos y ninguna edificación laica, particular. Excepcionales serían los testimonios arquitectónicos de su experiencia colonial y de épocas posteriores. De ahí que los tuxtlecos no reclamen ni se hayan interesado, sino hasta fechas recientes, por lo que fue su ciudad.

A Tuxtla Gutiérrez no se le impuso el título de capital, ni se establecieron aquí las oficinas gubernamentales en contra de su voluntad. Incluso, si la asunción de este nuevo rol provocó daños, sus consecuencias fueron asumidas como riesgos admisibles, calculados, al menos por la elite regional y el gobierno de la ciudad.

Incluso los propietarios, arrendatarios y comerciantes radicados en el Soconusco, los valles centrales, Comitán y Pichucalco, quienes recién se habían convertido al liberalismo porfiriano a finales del siglo XIX, veían con buenos ojos que Tuxtla se transformara físicamente y se convirtiera en la “moderna” ciudad capital de Chiapas. Lo que ocurre es que antes de transformarse en la sede administrativa de los poderes estatales en 1894, la antigua San Marcos Tuxtla no era ni mucho menos, la ciudad más importante, aunque desde esos años algunos intuían su vocación urbana, cosmopolita.

No obstante que esta ciudad era inferior en todo sentido ­­­­­—densidad poblacional media, bajo el volumen de sus giros comerciales, limitada su influencia en la economía agrícola regional—, su ubicación estratégica, el incipiente poder de los políticos tuxtlecos y chiapenses, y el de los grupos políticos de las regiones mencionadas, incide en la pugna por apartar de la ciudad de San Cristóbal el gobierno de la entidad; por alejarlo de la “perniciosa influencia” de los políticos conservadores y de la jerarquía eclesiástica alteña.

Tapachula era con mucho, la ciudad más acomodada y determinante en lo económico, si bien San Cristóbal señoreaba en lo político. Las ciudades de Pichucalco y Salto de Agua constituían también bastiones económicos y comerciales, mientras que las rentas de Tuxtla se asemejaban a las de Comitán. Al menos hasta 1965, Tapachula constituía en Chiapas el centro urbano, agro-exportador y demográfico más importante. Razón por la que su cosmopolitismo y desarrollo urbano era evidente, al tiempo que las antiguas ciudades y poblaciones de origen colonial, desde tiempo atrás habían mermado su crecimiento, e incluso experimentaban rezago.

A la postre, esta circunstancia benefició arquitectónicamente a San Cristóbal, Comitán y otras ciudades pequeñas. Ellas preservaron una buena parte de su patrimonio construido; mejores y más sólidas edificaciones, todas relativamente artísticas, fieles representantes de las corrientes y modas arquitectónicas desarrolladas, tanto durante la Colonia, como a lo largo del siglo XIX e incluso, durante la primera mitad del siglo pasado.

Tuxtla Gutiérrez entonces, nunca poseyó las construcciones gubernamentales, civiles y religiosas cuasi-monumentales que se observan en San Cristóbal, aunque sería incorrecto plantear su exclusión absoluta en este campo. Desde la fecha en que provisionalmente se convierte en capital, 1884, los comerciantes tuxtlecos, los nuevos terratenientes y los políticos liberales de la época, impulsan la construcción de algunos edificios valiosos, estrategia que luego se generaliza a raíz de la gubernatura de Emilio O. Rabasa quien obtiene en definitiva la venia del gobierno porfiriano y el consenso mínimo necesario para trasladar los poderes del gobierno hacia esta ciudad.

 

 

Arquitectura de la Tuxtlán antigua

De entrada, debemos reconocer que lo escaso y verdaderamente valioso, arquitectónica y patrimonialmente, fue construido en Tuxtla alrededor de 1900. También durante el período de 1930 a 1950. Todo por obra y gracia de los gobiernos federal y del estado, salvo la catedral de San Marcos, mil veces remodelada; una serie de casas particulares que bien valían el precio de su conservación y, en especial, la vieja casona de rasgos y proporciones coloniales, de dos plantas, demolida en 1949, la que ocupaba el espacio de los actuales edificios Corzo y La Gran Vía, frente a la actual plaza cívica de la ciudad.

Se incluyen desde luego, los templos católicos de Santo Domingo y Niño de Atocha —construido el primero en las postrimerías del siglo XVIII y el segundo a principios del siglo pasado—, la iglesia del Calvario de reminiscencias góticas, terminada en 1890; el pequeño y sobrio templo de San Jacinto, heredero en 1930 de esa arquitectura que en todo el país pretende la secularización, y las ermitas del Cerrito de la Santa Cruz y de las ex haciendas Juan Crispín y La Trinidad de mediados del siglo XIX, hoy incorporadas al paisaje urbano; las tres de fuerte ascendencia indígena. También algunas casas de los barrios El Calvario, San Pascualito, Juy Juy, Niño de Atocha y La Pimienta, representativas de la tradición constructiva local, “vernácula”, de acuerdo con la designación de los especialistas.

Y los edificios sobriamente funcionales del mercado viejo, construido este en 1942, el asilo de ancianos de 1944 y el antiguo orfanatorio de 1945; este último imposible de reconocer tras su mutilación y abandono.

Incluso, habría de considerarse algunas casas comerciales como la Ferretería Castillejos, en el antiguo distrito comercial de la ciudad; el Edificio Calvo, el del escudo de Chiapas en la parte superior; la antigua casa de don Nicanor León, en la esquina de la Segunda Avenida Norte y Séptima Calle Poniente; la primera casa de don Ciro Farrera y otros inmuebles que ya no existen, como la fortaleza neorrománica de la Penitenciaría del Estado que ocupaba el espacio del actual Edificio Plaza de las Instituciones; la famosa Casa Farrera, inaugurada en 1928 frente al antiguo Parque Central, y la morada de don Modesto Cano. Aunque... entre tales edificaciones, debido a su funcionalidad, a su arquitectura, y a que se conserva de ellas una recia tradición oral, documentos de archivo y registros fotográficos varios, bien vale destacar las siguientes:

Antiguo Teatro Municipal: sala de tamaño medio, bien proporcionada, sólida y de perfil neoclásico. “Provista de lunetario, plateas, palcos y galerías” ricamente decoradas en madera. Fue construido por el Ayuntamiento Tuxtleco en 1883, bajo la dirección del ingeniero Miguel Ponce de León y estuvo asentado en donde luego se construyó y aun existe, el Centro Social Francisco I. Madero, edificado en 1945.

Hotel Brindis: primer hotel formal, provisto de todos sus servicios. El mismo que, aunque construido como casa-habitación, fue habilitado en 1892. Se reconstruyó en 1928 bajo cierta ornamentación colonial ecléctica y está ubicado en la esquina nororiental de la Avenida Central y Tercera Calle Oriente. Su estado, como pueden observar, es deplorable. Mutilado y recompuesto, prácticamente espera su demolición.

Antiguo Palacio Municipal: edificio gubernamental pequeño, de diseño neoclásico, edificado durante la administración del gobernador Rafael Pimentel (1899-1905). Estuvo ubicado frente al parque de Santo Domingo, en la esquina de las calles Primera Poniente y Segunda Norte, hasta su demolición ocurrida en 1942, cuando en su lugar se construyó una escuela pública, misma que hoy alberga a la casa de la cultura del Ayuntamiento.

Palacio del Gobierno del Estado: edificio gubernamental sobrio, de estilo neoclásico, construido entre 1897 y 1900 durante la administración del gobernador Francisco León, aunque fue inaugurado el quince de septiembre de 1902. Su ubicación precisa fue la mitad norte de la manzana en donde actualmente se ubica el Palacio del Gobierno Estatal.

Primera Biblioteca Pública: edificio pequeño y robusto de estilo neoclásico, construido entre 1909 y 1910, durante la administración del gobernador Ramón Rabasa e inaugurado el 17 de septiembre de 1910. Se le edificó junto a la iglesia de San Marcos, adosado a su ábside, colindando con la Avenida Central. El edificio albergó también al Liceo de Cultura y posteriormente al Ateneo de Ciencias y Artes de Chiapas.

Palacio del Gobierno Federal: edificio gubernamental de rica ascendencia y decoración neocolonial, construido entre 1940 y 1944 durante la administración del gobernador Rafael Pascacio Gamboa, aunque fue inaugurado el cinco de junio de 1943. Estuvo emplazado en la mitad sur del predio ocupado ahora por el Palacio del Gobierno del Estado.

Escuela Industrial Militar: edificio escolar bien logrado, con rasgos del neoclásico afrancesado, construido en el período que va de 1908 a 1911 e inaugurado ese mismo año por el gobernador Manuel Rovelo Argüello. Estuvo detrás del antiguo Parque del Cinco de Mayo, justo en el terreno que hoy ocupa el Centro Cultural Jaime Sabines. El edificio alojó incluso las oficinas del gobierno del Estado en 1917 y después la primera escuela normal de profesores.

Casa del Doctor Cachón: casona, aunque con mayor propiedad palacete de ascendencia neocolonial, construido por el médico Antonio Cachón Ponce. Fue edificado en 1930, provisto de pequeños jardines, una fuente abarrocada y rejas exteriores. Estuvo a espaldas del templo de San Marcos, en la esquina suroriental formada por las calles Primera Sur y Primera Oriente. Fue demolida en 1982 para dar paso a la ampliación de la avenida y al atrio de la catedral.

Casona de la Princesa: es decir, de la Joyería la Princesa; pequeño edificio de rasgos neoclásicos, precioso; uno de los primeros y escasos inmuebles creados exprofeso. Este edificio fue inaugurado en 1940 y estuvo ubicado detrás el templo del Calvario sobre la Tercera Avenida Sur Poniente. Fue destruido en 1983.

Anterior Palacio Municipal: edificio público magnífico, de corte neocolonial, fincado durante los años 1940 a 1942. Fue inaugurado por el gobernador Rafael Pascacio Gamboa el 31 de diciembre de ese año. Se ubica en la esquina de la Avenida Central y Tercera Calle Poniente. Albergó oficinas de sindicatos afiliados a la CTM y hoy, abandonado como desde hace diez años, espera impaciente su restablecimiento para alojar al Museo de la Ciudad.


Mercado Viejo: primer edificio público de estas características, bien proporcionado. De corte funcionalista, aunque decorado con elementos prehispánicos, fue construido en los años de 1941 y 1942 e inaugurado a finales de éste. Se le bautizó con el nombre de su promotor, Rafael Pascacio Gamboa y se mantiene en pie al costado sur del templo de El Calvario.

Monumento a la Mexicanidad Chiapaneca: escalinata, esculturas y astabandera decorada con bajorrelieves de inspiración prehispánica, construidas también entre 1941 y 1942, durante la administración del gobernador Pascacio Gamboa, e inaugurado el cinco de febrero de 1943 por el presidente Manuel Ávila Camacho. Está ubicado frente al Parque Morelos, y su construcción aprovecha la pendiente de una de las estribaciones del Mactumatzá: la famosa y antigua Lomita de Shoquilá.

Antiguo Edificio del ICACH: sobrio edificio de corte neoclásico, provisto de aulas grandes, un amplio salón de actos —el famoso “paraninfo”—, escalinata monumental y dos edificios de aulas, anexos, igualmente bellos. Está ubicado sobre la Segunda Avenida Sur entre Quinta y Sexta Calle Oriente. Se construyó durante los años 1942 a 1944 y fue inaugurado el quince de mayo de este año. Y finalmente, sólo en el recuerdo queda la...

Casa de doña Elena Ortega: residencia de campo de dos plantas, diseñada por el arquitecto Manuel Esperón, bajo los rasgos del estilo colonial mexicano. Fue construida a la entrada principal de la Colonia Moctezuma, hoy número 1412 de la Avenida Central. Este palacete data de 1948 y estaba provisto de terraza, hornacinas, un par de fuentes, un caracol soberbio, paneles calados de celosía y otros elementos de ornamentación, típicos de la “casa mexicana”.

 

 

Pensemos sobre el Patrimonio Cultural

Es cierto que la mayor parte de los edificios mencionados fueron y continúan siendo engullidos por el afán “modernizador” de la elite empresarial y los gobiernos locales que se han sucedido. Esto a consecuencia de la dinámica del desarrollo urbano-regional liderado por la ciudad y el fortalecimiento de los grupos de poder local, sobre todo a partir de 1900. Es decir, desde principios del siglo XX el antiguo patrimonio arquitectónico de Tuxtla sufre el asedio permanente de la “modernidad”. No se ve ese patrimonio, o ha disminuido terriblemente.

No obstante, de ningún modo cabría pensar que se haya eliminado esta parte antigua, tampoco el patrimonio construido en general; como impensable sería la disminución del patrimonio sociocultural; quiero decir: el amplio y diverso conjunto de manifestaciones que constituyen el sumum cultural de la entidad.

De ahí que el patrimonio edificado: casas, trojes, habitaciones, monumentos, palacios, templos, elementos de la infraestructura urbana, cementerios y sitios arqueológicos, lo mismo que la expresión de las artes plásticas y del arte popular, y todas las otras manifestaciones estéticas... todo ello es parte de nuestra cultura, de nuestro legado y de nuestra herencia social. Parte del acervo cultural de los pueblos. Objetos que del mismo modo como las manifestaciones incorpóreas ¾costumbres, tradiciones, creencias, memoria colectiva, etcétera¾, ellos se transforman, modifican, reconstituyen y enriquecen. De modo que lo permanente es el cambio; la evolución de cultura y tradiciones. 

Por ello el patrimonio cultural de los pueblos y regiones de Chiapas, al igual que el de todos los rincones de la tierra, no se circunscribe a los bienes materiales, obras plásticas o de la arquitectura, sino en general a las múltiples y variadas expresiones de la habilidad, la inteligencia, el saber y las tradiciones de la gente, las familias, los pueblos y la sociedad en su conjunto. Todas, acciones del ser humano sobre la naturaleza; intervenciones que las convierten en recurso y entorno capaz de garantizar la reproducción integral del hombre. Expresiones que bien podrían desagregarse en tres grandes rubros:

1. Las obras materiales estrictamente físicas, que incluyen ciertamente a los edificios, infraestructuras y espacios públicos, pero también nuestras casas y patios, construcciones privadas y religiosas, parques y jardines, conjuntos habitacionales, barrios, plazas y en general, monumentos arqueológicos, edificaciones antiguas y conjuntos arquitectónicos modernos, 

2. Las manifestaciones intelectuales del pensamiento individual y colectivo: lengua, lenguaje, oralidad, experiencia, saberes, literatura y tradición oral; las costumbres, religiones y mitología de los pueblos; sus expresiones plásticas, las llamadas bellas artes y las artes populares, etcétera y,

3. El impacto histórico de las sociedades sobre los fenómenos físicos y naturales en los que se desenvuelve, y la incorporación de éste a las historias personales, a la experiencia colectiva y a la cultura de las comunidades; entre ellas la comprensión de la naturaleza, el aprovechamiento de sus recursos, los avances científico-técnicos, la agricultura, la producción industrial y las nuevas tecnologías de la información.  

Pero volviendo a lo nuestro... en Tuxtla Gutiérrez lo que seguramente ocurre, de acuerdo con esta clasificación, es una seria dificultad para identificar ahora, los referentes materiales con los cuales se sentían identificados una buena parte de las y los tuxtlecos, especialmente los de generaciones anteriores a los años sesenta del siglo pasado, pues, como se ha visto, disminuido y en pésimas condiciones se encuentra el patrimonio construido hasta antes de esa década. Los padres y abuelos de los citadinos mayores de treinta años no poseen ahora los referentes urbano-geográficos suficientes para vincular su experiencia y sus recuerdos con la ciudad actual; con esta ciudad que, aunque formalmente suya, no la sienten de su pertenencia. 

Se modificó el tamaño y la distribución de sus calles viejas. Las antiguas plazas o campos de recreo desaparecieron. Es el caso del conjunto de la Escuela Industrial Militar. Algunos templos católicos como la iglesia de San Roque, en vez de redimensionarse con base en la estructura y las características de la antigua ermita, se modificaron. Una serie de casas de tradición vernácula y otras casonas de ascendencia colonial, se demolieron, y varios edificios públicos fueron derrumbados por la estulticia, falta de ciencia y nula imaginación de los gobernantes. Prácticamente todas las construcciones de uso comercial y habitacional del antiguo casco de la ciudad desaparecieron.

Y en cuanto a los fenómenos físicos, naturales, incorporados a la vida cotidiana de la ciudad y a la experiencia colectiva de las y los tuxtlenses, sucede lo mismo: todos estos lugares se encuentran ahora deteriorados por el “desarrollo urbano” y la polución, sepultados por la modernidad y sus desechos, transformados por la industria inmobiliaria y las perspectivas utilitarias del dinero, o bien, abandonados por la insensibilidad del gobierno y la precaria participación social

¿Quién no ha escuchado que detrás de la iglesia de San Roque, en el arroyo Sanroquepak, existían pozas en donde la gente acudía a bañarse, o de las limpias aguas y varios remansos del río Sabinal o Quistimpak, usados por la gente para nadar, jugar y lavar su ropa?

¿No han escuchado que antiguamente la Lomita de Shoquilá y luego la Lomita de la Novena, en donde ahora se encuentra el fraccionamiento Las Terrazas, servían para el esparcimiento de los niños y viejos, sobretodo en febrero, para aprovechar los vientos locos y jugar a los papalotes, barriletes y cometas?

¿Quién no ha oído a su abuela hablar bien y bonito sobre los terrenos de cultivo, las huertas, los mangales y las zonas arboladas adyacentes al Quistimpak, desde Caña Hueca hasta La Chacona, entre los ejidos de Terán y la zona de Yeguisté, donde ahora aparece el fraccionamiento San José, mismos que abastecían a la ciudad y servían para la caza y los días de campo?

¿Y qué decir de las viejas rancherías, proveedoras de Tuxtla? Aquellas ubicadas desde el panteón municipal, San Juan Sabinito, ejido Francisco I. Madero y las “riberas” de Cerro Hueco y El Zapotal, o los pastizales siempre verdes, ubicados entre el actual Parque del Oriente y el antiguo Pompushuti, a la entrada de Patria Nueva, siguiendo al Sabinal rumbo a su desembocadura.

Pues bien, todo esto es igual, parte del patrimonio sociocultural de los tuxtlecos. Así como todas las montañas y ríos, sitios naturales, hitos, accidentes topográficos y demás referencias geográficas. Todo esto forma parte del marco de nuestra identificación y de nuestra identidad; parte de nuestra herencia histórica y cultural. Así de los pueblos, las comunidades, las regiones e incluso de las naciones.

 

 

Una reflexión y dos propuestas

Es dramático lo que ha pasado en Tuxtla respecto de su patrimonio edificado, y lo más lamentable: que esto sigue ocurriendo en las principales poblaciones y ciudades del estado. Todas las antiguas y hermosas construcciones de madera del Soconusco, y la arquitectura vernácula de los pueblos indios, por ejemplo, se extinguen ahora mismo aceleradamente. La mayor parte de los referentes arquitectónico-culturales de Chiapas están desapareciendo y con ello una buena parte de la historia, tradiciones, memoria oral e identidad de los pueblos que integran a Chiapas.

¿Cómo explicar las dificultades que nuestros abuelos ―e incluso nuestros padres― tienen, para asociar sus recuerdos con referentes precisos: sitios, espacios, rumbos, signos topográficos o construcciones señeras, con los cuales identificaron sus actividades, en las diferentes etapas de su vida?

¿Cómo transmitir, reproducir o ampliar la parte monumental del patrimonio cultural de Tuxtla Gutiérrez, si muchas de sus edificaciones significativas ya no existen? Si las que persisten son irreconocibles —como en el caso de la catedral de San Marcos—, y las escasas prendas originales enumeradas están en el olvido, a punto de caer. No se les asigna el valor que les corresponde y no existe para ellas la menor atención y respeto.

Mutilados y en algunos casos deformes, descuidados, se encuentran los escasos monumentos arquitectónicos localizables; además de ser ignorados por estudios, catalogaciones, acciones de conservación y políticas públicas en general. Claro, no obstante la existencia de tres universidades públicas y varias universidades privadas, la presencia de un puñado de centros de investigación, el establecimiento de la Facultad de Arquitectura desde hace cuarenta años, la presencia inveterada de una oficina que “planifica” el desarrollo urbano, el disminuido activismo de los intelectuales chiapanecos, y la persistente Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicas, misma que ya existía cuando en 1978 el gobernador Juan Sabines mandó demoler, sin peritajes de ninguna índole, el casco antiguo de la ciudad.

Fuera de esto, de los edificios mencionados, constitutivos de una identidad arquitectónica que debía conservarse, Tuxtla no posee centro o referente histórico. Incluso dentro del renovado primer cuadro de la ciudad, no se observan conjuntos o sectores de valía, salvo las construcciones monumentales posmodernistas y funcionales que circunscriben hoy a la plaza central y el atrio de la catedral, mismas que podrían figurar como una unidad más o menos integrada del acervo arquitectónico de la ciudad, siempre que no se destruyan y se conserven intactas.

En tal sentido, e independientemente del remozamiento, restauración y consolidación que requieren con urgencia las escasas estructuras arquitectónicas valiosas del centro de la ciudad —me refiero a los templos de El Calvario, Santo Domingo, San Jacinto, Niño de Atocha, la ermita del Cerrito de la Santa Cruz, el Mercado Viejo, el viejo Palacio Municipal, el antiguo Edificio del ICACH y el monumento a la Mexicanidad Chiapaneca—, valdría la pena emprender investigaciones serias para conocer el valor histórico, sociocultural y estético de estos edificios y en especial el de los siguientes sectores:


1. Algunas casas o fracciones de ellas, conservadas en la zona noroccidental del centro de la ciudad, anterior a la Pila del Magueyito, incluyéndose ésta y algunos puentes del río Quistimpak,

2. El sector más o menos integrado por el barrio de San Pascualito, en el suroccidente del centro, en donde varias casas habitacionales y sus solares, conservan rasgos de distribución antiguos,

3. La unidad completa de la colonia Moctezuma; dada la funcionalidad estética y la diversidad arquitectónica de la mayoría de sus residencias, construidas durante la década de los años cincuenta,

4. La edificación de dos plantas, usada como restaurante, ubicada en el interior del Hotel Bonampak y el pequeño edificio de la antigua distribuidora de autos Pastrana de Pedrero, ambos de 1948.

5. La casa de don Ciro Farrera de 1954, ubicada en la esquina noroccidental de la Avenida Central y Doceava Poniente, de francos rasgos “industriales” y alguna influencia toscana.

6. El templo de la Sagrada Familia en la Colonia El Retiro, de arquitectura posmodernista, construido en los años sesenta, hoy a punto de desintegrarse.

7. La plazuela de San Roque, considerando lo rescatable de las construcciones vernáculas que rodean al templo, y su gran tradición como espacio de encuentro, solaz y recreo.

8. El casco de la antigua Hacienda La Trinidad, incluyendo la casa grande, su ermita, las casitas de los antiguos peones y sus vastos corrales de piedra.

9. Las casas pueblerinas de la antigua cabecera municipal de Terán y el viejo pueblecito de Juan Crispín, de arquitectura vernácula, dotadas de grandes patios y pequeñas huertas, y

10. La configuración espacial de los solares de uso habitacional y productivo, ubicados en el corredor integrado por San Juan Sabinito, Francisco I. Madero y Cerro Hueco; a modo de descubrir su persistente racionalidad ecológica.

 

 

¿Qué hacer en tal sentido?

Es decir ¿Qué hacer para revalorar, restituir, o consolidar lo escaso del antiguo patrimonio arquitectónico de Tuxtla?, ¿Cómo hacer para brindar mantenimiento a lo nuevo, recientemente incorporado a su patrimonio cultural? Y en todo caso, ¿a quién corresponde efectuar estas acciones? Van pues, no las respuestas, sino algunas sugerencias de sentido común:

1. Sería prudente enfatizar el papel de la Universidad y el Estado en tanto que una de sus vastas responsabilidades es, conservar y magnificar los bienes socioculturales de la sociedad, entre ellos el patrimonio social y entre estos los conjuntos y obras arquitectónicas.

2. Para bien de la entidad, el gobierno del Estado podría sectorizar al área de servicios y desarrollo urbano, la cuestión de los estudios y conservación del patrimonio construido, a modo de vincularlo a la planificación del desarrollo de las ciudades y no al campo de las acciones educativas.

3. La UNACH dispone de dos maestrías relacionadas, una en planificación del desarrollo local, otra en estudios culturales, y con un doctorado en estudios regionales; cuenta con la Facultad de Arquitectura. Con base en estos recursos y en los de otros centros académicos, podría impulsarse investigaciones relacionadas; estudiar los sectores señalados, catalogar, describir y brindar las recomendaciones inherentes, e incluso, asesorar a los órganos de la planificación del desarrollo urbano.

4. De este modo se garantizaría la pervivencia de esta parte del patrimonio cultural de las ciudades, y se favorecería la canalización de recursos para remodelar, revitalizar algunas áreas y aun restaurar los edificios señalados. Pero, sobre todo, localizar recursos para el mantenimiento y conservación de los edificios antiguos, e incluso las edificaciones nuevas.

5. Las universidades, los profesionales de la arquitectura y el urbanismo, las organizaciones de la sociedad y los particulares interesados en las artes y el patrimonio sociocultural, podrían sensibilizar al gobierno sobre la importancia de lo aquí expuesto; tanto por razones estéticas, educativas y de cultura, como por su importancia desde la promoción de aquellos objetos culturales que nos identifican; si no como un solo pueblo, al menos como una sociedad heterogénea.

 

Bibliografía de referencia

Benjamin, Thomas Louis; El camino a Leviatán: Conaculta, México, 1990. 382 pp.

Casahonda Castillo, José; Recuerdos de un primerizo: Ramos, Tuxtla Gutiérrez, 1976. 66 pp.

Castañón Gamboa, Fernando (1947). Historia del teatro Emilio Rabasa. Tuxtla Gutiérrez, Gobierno del Estado. 369 pp.

—―― (1992). Tuchtlán. Documentos y datos inéditos para la historia particular de Tuxtla Gutiérrez. Tuxtla Gutiérrez, UNACH. 195 pp.

López Sánchez, José Ma. (s/f). Aquel Tuxtla. Anecdotario histórico. Tuxtla Gutiérrez, Talleres Gráficos del Estado. 256 pp.

Mellanes Castellanos, Eliseo (coord.) (1988). Monografía del municipio de Tuxtla Gutiérrez. Tuxtla Gutiérrez, Ayuntamiento. 310 pp.

Montiel, Gustavo (1975). Las viejas calles de la antigua Tuxtla. México, Costa Amic. Tomos I y II.

Ramos Maza, Roberto (coord.) (1994). El Estado de Chiapas. México, Gobierno del estado de Chiapas. 192 pp.

Rosas Mantecón, Ana (1998). “La monumentalización del patrimonio: políticas de conservación y representaciones del espacio en el centro histórico” en Néstor García Canclini (coord.). Cultura y comunicación en la ciudad de México. México, Grijalvo y UAM. pp. 182-203. 

Sánchez C., Braulio (1989). Coyatocmó. Gajos de su historia y (de) los zoques. Tuxtla Gutiérrez, Sánchez Impresores. 263 pp.

Thompson, Roberto y Lourdes Poo (1985). Cronología histórica de Chiapas. San Cristóbal de Las Casas, CIES. 218 pp.

lunes, 20 de julio de 2026

CACAO CHIAPAS, CHOCOLATE Y RECORDACIÓN

 Pensando en el compa Marín Ruiz.


Hace dos años dije estas palabras en el Congreso del Estado, en algún evento organizado a propósito del cacao. Para referir las enseñanzas de aquel texto hoy agotado, “Cacao Soconusco. Apuntes sobre Chiapas, México y Centroamérica (TGZ, Unicach, 115 páginas)”. Palabras que hoy restituyo a partir de los apuntes de esa ocasión, a petición de los chocolateros amigos Rebeca Vélez y Fabio Pérez Román. Ocasión en que yo mismo preguntaba a la audiencia… ¿Qué decir en breve y en tan poco tiempo, sobre los vastos saberes y experiencias desperdigadas aquí y allá, sobre el cacao, nuestros cacaos y chocolates de Tabasco, Veracruz, Chiapas y Guatemala? ¿Sobre el cacao y el chocolate de origen mesoamericano?

Y fui respondiendo lentamente, como si en la cabeza tuviese las preguntas grabadas. En primer lugar, que el origen cultural del cacao es Mesoamérica; desde las huastecas al nororiente del país y Colima al occidente, medio México y toda Centroamérica hasta Honduras, y que su apropiación alimentaria se inicia con los olmecas de Veracruz y Tabasco, con los protomayas de Izapa en el Soconusco y Kaminaljuyú en Guatemala, y luego entre mixtecas, zapotecas, mayas y mexicas.

© Tesoros de colores. 2010.
En segundo lugar, dije que el cacao, el chocolate y las otras exquisiteces culinarias del área, forman parte de la identidad sociocultural de las antiguas civilizaciones mesoamericanas y de varios pueblos contemporáneos herederos. De modo que es posible aún hoy, encontrar entre ellos: creencias, tradiciones, costumbres, conocimientos, rastros de deidades y un largo etcétera. Todos asociados al cacao.

Tres. Que el chocolate ―al igual que los pozoles y atoles adyacentes―, son una invención gastronómica apreciada y de muy alto valor alimentario a lo largo y ancho de Mesoamérica. Bebida de prestigio social durante la antigüedad. Exclusiva de gobernantes, sacerdotes, guerreros y comerciantes. Accesible, debido a su alto costo, sólo a la élite política, religiosa y económica de las naciones.

Cuatro. Que fue inmediata la adopción culinaria y económica del cacao y el chocolate por parte de la invasión militar y religiosa novohispana. Razón por la que los nuevos gobernantes pronto identifican las áreas productoras: a) Cihuatlán entre Colima y Jalisco, b) Tuxtepec entre Veracruz y Oaxaca, c) Cotaxtla y Huatusco en Veracruz, d) Planicie de Tabasco y Norte de Chiapas y e) La región del Soconusco junto a Suchitepequez, en Guatemala. Y se le asocia al pago de tributos, luego impuestos; al comercio desventajoso y a la imposición de ordenanzas para establecer nuevas plantaciones.

Cinco. Que, en el transcurso del tiempo de la Colonia española, se incorporan al cacao mexicano, otras diversas variedades y calidades del grano. De Centroamérica, de Caracas, de Guayaquil, y del Virreinato del Perú. Ello ante la disminución de la producción de México y Centroamérica, y ante la generalización de su consumo.

Seis. Razón por la que se explica el papel jugado por los aventureros en la difusión europea del cacao y el chocolate. Los llamados filibusteros, corsarios y bucaneros; dependiendo de si son respaldados por Gran Bretaña, Francia u Holanda, en contra de los intereses españoles. De donde surgen las plantaciones de esos países, e incluso de Portugal, en sus colonias de África, Asia y Oriente extremo.

Siete. Que valiosa es así misma la cacaocultura o agricultura del cacao. Los conocimientos asociados al suelo en que se cultiva, la humedad ambiental imprescindible, y las condiciones ambientales. Su germinación, trasplantación, crecimiento, mantenimiento y cosechas. El control de sus plagas, las variedades e injertos, clones y demás saberes agronómicos.

Ocho. El arte de la fabricación y preparación de los variados chocolates. Los saberes, costumbres y tradiciones asociadas. Mezclas, aromas, sabores, esencias y especias incluidas. El desarrollo del producto a lo largo de la historia, y su industrialización actual. La preservación de estos conocimientos y aquellos asociados a las prácticas agrícolas ancestrales.

Nueve. Respecto del Chiapas actual, la apremiante necesidad de registrar los saberes relacionados con el cultivo, trasplante, variedades, cosechas, fermentación y almacenamiento del cacao. La fabricación de los chocolates artesanales, preparación, consumo y usos diversos. Al igual que la investigación agronómica efectuada por el Campo Experimental Rosario Izapa del INIFAP, y por profesores de la Facultad de Ciencias Agrícolas de la UNACH en Huehuetán.

Diez. El consumo social contemporáneo y los usos rituales antiguos del chocolate, hasta antes de su desplazamiento por parte del café. Puesto que Guatemala inicia el cultivo de este grano aromático a finales del siglo XIX, al tiempo que el proceso de sustitución del chocolate se inicia durante la primera mitad del siglo XX.

Once. Las tradiciones, costumbres y creencias vinculadas al cacao, pataste y chocolate. Propiedades alimenticias, curativas, tonificantes o afrodisíacas. Entre ellas las expresiones orales y frases fijas, adivinanzas, refranes y paremias en general, que forman parte del patrimonio intelectual de Mesoamérica. De la identidad sociocultural de Chiapas y del sur-sureste del país.

Doce. La apropiación de los conocimientos asociados al cacao y al chocolate por parte de Europa. El dominio de su elaboración artesanal, invención del proceso de su industrialización, masificación de su consumo y comercio. Y el monopolio de las grandes empresas de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Suiza, Holanda y Países Bajos.

Trece. Que sería ineludible el estudio y conocimiento del proceso de sustitución comercial de los buenos cacaos de la región del estado de Tabasco, Norte de Chiapas, región del Soconusco y Centroamérica por las semillas baratas y de menor calidad, provenientes de las plantaciones masivas de África, Asia y extremo Oriente.

Catorce. La altísima demanda actual de chocolates finos dulces, helados, bebidas y en general golosinas―, por parte de la gente acomodada, los paladares exigentes, gourmets y catadores al nivel mundial. Al menos desde hace veinte años. Lo que permite hoy a la industria, volver los ojos al mejor cacao del mundo: a las variedades del cacao nativo o criollo, centroamericano y en particular al Cacao Soconusco, campesino o indio. Hoy llamado “cacao fino de aroma”. El mejor, el más prestigiado, exquisito y de mejor precio.

Y finalmente, amigos, quince: las experiencias recientes de organizaciones y colectivos asociados a la producción, preparación y comercialización del cacao; a la elaboración de chocolates tradicionales, dulces y confitería en las tres regiones cacaoteras de Chiapas: región Norte entre Ixtacomitán y Pichucalco, región Zoque Mezcalapa nucleada en Tecpatán, y región del Soconusco liderada por Tuxtla Chico.


cruzcoutino@gmail.com agradece retroalimentación.

Permitimos divulgación, siempre que mencione la fuente.

martes, 14 de julio de 2026

LOS MAYAS Y EL MAL TIEMPO

 Pensando en el padre Gumaro Díaz López.

Ahora comprendo mejor cómo los mayas mesoamericanos, y en general los pueblos de la antigüedad, temían el entorno cerrado por las nubes, la desaparición del sol y la lluvia incesante; típicas de los temporales y el tropical “mal tiempo”.

sábado, 11 de julio de 2026

LA BOHEMIA Y EL CHE GARUFAS

Pensando en Carlitos Selvas y Rodrigo Núñez

Bohemia es el nombre de una región geográfica de la República Checa, bohemio es el nombre de la lengua de esta comarca y bohemios son los naturales de ahí. Sin embargo, en España y Portugal también nombran así a los gitanos, a quienes en Chiapas llamamos con cariño, húngaros. No obstante, de acuerdo con el DRAE, por bohemia ha de entenderse “la vida que se aparta de las normas y convenciones sociales, principalmente la atribuida a los artistas”, aunque el diccionario de María Moliner es más preciso. Indica que debe aplicarse “a las personas, particularmente a los artistas, que viven irregular y desordenadamente, [lo mismo que] a ese género de vida”.

jueves, 9 de julio de 2026

TAPACHULA, FRONTERA SEPTENTRIONAL

Creo que fue a principios de 2005 cuando efectué esta entrevista en Tapachula. Un amigo me presentó a la joven en el Fu Khien, un exquisito restaurant de comida china. Toda ella vestida de rojo, le recuerdo formal, preciosa y de mirada inquisitiva. Desde nuestra primera conversación supe de sus antiguos nexos con el negocio de estos giros. Ahora se había alejado de ello, aunque desarrollaba sobre la cuestión una mirada crítica. Colaboraba con una empresa multinacional, en la que ponía en juego sus habilidades para las relaciones públicas, descubiertas en alguna universidad del centro del país.

sábado, 4 de julio de 2026

DIARIOS DE LA CAPITAL DE CHIAPAS

Hace algunos días, tan solo por una devoción afortunadamente perdida, le pedí a la voceadora del crucero del Libramiento Sur y del fraccionamiento Terrazas que me vendiera todos los periódicos del día. Se fue carrera y regresó tropel, como dicen los coletos.

lunes, 29 de junio de 2026

VOCES VENÉREAS y CHINGADERAS

Hace tiempo, en este mismo espacio, escribí un texto que intitulé De chingar y otras chingaderas. Lo reviso ahora y descubro que en él, además de ensayar el origen y significado del verbo chingar, construyo una relación de 75 palabras y expresiones asociadas. Todas, elementos constitutivos del habla particular de Chiapas. Y hoy toca volver a la cuestión, pues el vocablo chingar se encuentra en el centro de las “malcriadezas”, disonancias, majaderías y malas palabras de todo México y sus alrededores, incluido el estado de California y el sur de Estados Unidos, toda Centroamérica y algo la entrañable Cuba.

sábado, 27 de junio de 2026

DE EPITAFIOS Y OTRAS VOCES LETALES

Creo que aún no tenía los cinco años cuando tuve conciencia de mi gusto por las cruces mortuorias, lápidas y tumbas de los cementerios. Tal vez haya sido por los preciosos días de campo en que la familia convertía el Todosanto, nuestro día de muertos. O las comadres y compadres “de cascarón” y los encurtidos de la abuela María Antonia, o los nuégados y turuletes de las tías Eloina y Pradelina. Talvez por lo retirado que se me hacía el panteón del pueblo, siendo pequeño, o por las dos o tres tumbas gigantes que ahí aún recuerdo: antiguas y abandonadas, pero con guirnaldas y diamantes, ángeles y vértices hasta el cielo.

miércoles, 24 de junio de 2026

BUEN CHOCOLATE Y PANELA

Para Gaby y Marcela.

Dos negocios posibles, en potencia, han rondado mi cabeza desde hace algunos años años. Dos pequeños grandes negocios susceptibles entre decenas. Dos negocios que sólo a partir de Chiapas podrían concretarse: el procesamiento, empaque, rotulación y distribución de pequeñas piezas de chocolate al estilo del Soconusco (Chiapas). Para degustar como golosina, o como el chocolate de la merienda y… el procesamiento, empaque, rotulación y distribución de pequeños trozos de panela o piloncillo. Al estilo de los Llanos de San Bartolomé. Para acompañar o endulzar nuestras bebidas, o bien para saborearlas de sobremesa.

sábado, 20 de junio de 2026

MITOS Y LEYENDAS LACANDONAS I

Seguramente es sabido por todos, que en Chiapas las áreas geográficas y las realidades económicas, sociales, culturales y políticas más estudiadas, desde la investigación científica y la academia, son las de los pueblos y comunidades indias. Zoques, tsotsiles, tseltales, choles, lacandonas, tojolabales, mochós, chujes, mames y jakaltecas.