A Roberto Ramos y Quique Machorro, ciudadanos
ejemplares.
Cierto. Al terminar nuestros estudios de universidad en Sxbal, y luego de casarnos, Blanqui y yo nos establecimos en Tuxtla Gutiérrez. No por gusto sino por necesidad, pues aquí encontramos varias propuestas de empleo adecuadas, mientras Sancris casi no ofrecía nada. Pero, además, la ciudad nos “ofendía”, por fea y desgarbada, aunque aclaro: no exclusivamente ella, sino todas las ciudades pobres y subdesarrolladas de México y el orbe… debido a la ineptitud e ignorancia de quienes típicamente las gobiernan, y a la ausencia de planificación urbana.