A Victor Manuel y a Maricarmen Gómez
Desde niño me gustaron los cuentos y leyendas contadas por la abuela María Antonia, tíos, tías y demás familia. Me entusiasmaban en especial las historias radicadas en algún lugar cercano o conocido, o las que habían sucedido en alguno de esos sitios agrestes dentro del municipio de La Concordia. La leyenda de la Señorita, o del Cerro de la Señorita, por ejemplo, fue una de ellas, aunque sólo me la contó una vez y a medias, la tía Lupita, hermana de mi madre. Ya de grande, sin embargo, ante mi insistencia, siempre me dijo que no la recordaba. Que probablemente ella a su vez la había escuchado de labios de doña Elenita Lara, su suegra, y que se había olvidado. Y que hasta tenía dudas de si en verdad algún día me la había contado.