A Miriam García López
Cuentan que, desde la fundación del pueblo de La Concordia en 1849, el cristo crucificado, Señor de las Misericordias, era ya un icono sagrado, prestigiado y emergente. Que desde mediados de la época de la Colonia tuvo la misma traza y galanura que los otros crucifijos morenos, de tamaño natural, conocidos en México, Chiapas y Centroamérica. Compañero de los señores de Tila, Tulancá y el Trapichito; del Señor del Pozo en San Bartolomé de Los Llanos y del Señor de las Cinco Llagas en Escuintla; del Señor de las Tres Caídas en Ciudad Hidalgo y Ayutla, hoy Tecún Umán, en Guatemala, y del Señor de Acapetagua en la franja costanera.