[Pensando en el maestro Ulises Valdez Arévalo,
cronista de Terán, municipio de Tuxtla Gutiérrez, y en general en los
tuxtlenses todos, aunque especialmente en aquellos viejos, conocedores, o leídos].
Desde que conocí Tuxtla Gutiérrez en 1972, cuando de La Concordia mamá y papá me recomendaron al seminario católico para estudiar la secundaria, me enamoré del Mactumatzá, el “cerro de las siete estrellas” o, el “cerro desde donde marcharon las culebras”, según se le quiera ver desde el zoque o desde el náhuatl. Desde ese año, varias veces he trepado a la cima de la montaña, sólo o acompañado. A fuerza de caminatas, conozco también los diferentes caminos de la Mesa de Copoya: desde el oriente, el rumbo del Cebollal; la zona de San Joaquín por el rumbo sur-oriente, Cerro Hueco y El Zapotal, en donde ahora se aloja el zoológico de don Miguel Álvarez del Toro; las parcelas ejidales de El Jobo, al centro de esa población, y las tierras de Copoya al occidente, coronadas como a propósito por el Mactumatzá.