Hace algunos días escribimos un relato sobre las varias flores comestibles de la geografía chiapaneca y en especial de la tierra caliente. Florecillas de árboles y arbustos típicos de las regiones de Chiapas, salvo de las zonas frías y templadas de Chiapas: los Altos, la Meseta Comiteca y la Sierra Madre. Hicimos referencia a varias especies, aunque nos avocamos esencialmente al cuchunuc, al pito y a la chapaya.
Hoy quiero volver al cuchunuc, aunque no por sus usos alimentarios sino por aquellos diversos; la bella apariencia de sus florecillas rosadas, por ejemplo, que recuerda a las mariposas y a las aves en general. Belleza que también comparte con la florescencia de otros árboles y arbustos regionales, entre ellos: el primavera o palo blanco de macetas amarillas, el cupapé de panojas anaranjadas, el matilisguate de flores grandes entre blancas y rosas, y la flor de mayo, que en sí misma requeriría de un ensayo aparte, por sus diversos usos, formas y tonalidades de color.
Entre ellas también están, la flor del sospó, colorada y escarlata, aunque también la blanca aún agreste; la odorífera flor de chucamay, cuyos ramilletes blanco-amarillos de repente se encuentran en los mercados de Tuxtla, el chinchi malinchi de inflorescencias amarillas, anaranjadas y rojas también en ramos grandes; el cándox, candóx o candoque de flores amarillas, y la flor de lechita o punú punú, la de las macetas blancas pequeñinas.
Todas en absoluto son
silvestres y comunes, e igual son valiosas todas, por su utilidad como madera
de carpintería, alimento, medicina, ornato, cercas vivas, e incluso frecuentes en
rituales religiosos y de sanación. Como en el caso de las verdes hojas del
matarratón o cuchunuc, objeto de nuestra atención. CU-CHU-NUC, dicen los que
saben, los más viejos en Tuxtla Gutiérrez, descendientes de la cultura zoque,
deriva de dos antiguas voces: Kuuy: árbol
o palo, y Tunuc: guajolote —probablemente “árbol
de guajolotillos”, por la forma de sus pequeñas flores—, aunque desde la
lexicología española se le atribuye origen maya: en donde la voz suena a kuushchonup:
“ratón enemigo que roe”. De kuush: roer, cho’: ratón y nup: enemigo.
Definición cercana a la voz “matarratón”, una de sus
múltiples denominaciones, igual que a su nombre científico: Glericidia sepium
—de la familia de las
fabáceas—, latinismo que refiere precisamente el hecho de que mata o elimina
ratones, y a la coloración de su flor rojiza-clara, semejante al de la tinta
sepia. Su nombre más generalizado en México y en Centroamérica es sin embargo
“cacahuananche”, voz que deriva del náhuatl cacahuanantli o cacahuananzin,
compuesta de cacahuatl: cacao, y nantli: madre. Ello es: “madre del cacao”,
figuradamente, pues desde su domesticación mesoamericana, el arbusto sirve para
proteger del sol a las matas de cacao. Significado que se retoma en las voces
españolas corrientes: madrecacao, madricacao y cacahuanano.© Belleza distintiva. Tuxtla Gutiérrez. 2008
Otras formas de llamarle en todo México son: cocoíte, cocuite, cacáute, cacaúte y cocohuite, vocablos igualmente de origen náhuatl, que derivarían de las voces koamati: albergar u hospedar, y cuáhuitl: árbol. Lo que significaría: árbol huésped. Aunque también tiene otros nombres: “llaité” le llaman en la región Soconusco, “madriado” en Honduras, “cacahuano” en Oaxaca, cocomuite y muitesmuite en Veracruz, “palo de sol” en Tamaulipas, y “palo de corral” en San Luis Potosí. Igual que “glericidia”, “madera negro”, y seguramente de maneras diversas en cada una de las lenguas de ascendencia maya en México y Centroamérica.
Nombres múltiples, de donde podríamos deducir su intenso y diverso uso desde tiempo inmemorial, como efectivamente se constata, al ser utilizado en cercas vivas de potreros y parcelas, o útil como cobertera —ante el exceso de sol— en las plantaciones de cacao. También por sus diversos usos medicinales y alimentarios, el uso de sus hojas en las llamadas “rameadas” de curanderos, chamanes, rezadores y agentes de cultos e imágenes, y hasta en el control de roedores y otras plagas, tal como indica uno de sus nombres y se lee en la propia cédula de Wikipedia, relativa a la entrada Gliricidia sepium, a propósito de sus hojas:
Sin embargo, es peligroso comerlas [pues] contienen sustancias tóxicas. Son perjudiciales para perros, caballos y ratas. Las semillas, hojas, corteza y raíz contienen sustancias tóxicas que se usan localmente para envenenar a roedores en los campos de cultivo. También se usa como insecticida para el barrenador de los granos (Prostephanus truncatus), gorgojo pinto del frijol (Zabrotes subfasciatus) y conchuela del frijol (Epilachna varivestis).
Recuerdo cómo de niños, llegaba a la casa la curandera, a quitarnos el espanto, aunque de este mal enfermaban todos: adolescentes, jóvenes, adultos, hombres y mujeres. Nuestros padres debían disponer en casa, para las tres rameadas ―pues no era espanto común el que me curarían, sino “espanto de agua”―, un ramo de hojas frescas de madrecacao o matarratón, una “cruz bendita” y una botella de “trago blanco”. En mi caso bien retengo que me puse “destragado”, melindroso y enfermizo, y que por las noches despertaba asustado. Todo ello tras haberme arrastrado el río, y haber estado a punto de ahogarme.
Doña Zoila Ocampo, señora alta, flaca, tez clara y trenzas blancas, largas, preguntó mi nombre y el lugar en donde había ocurrido el percance. Preparó las hojas y me tundió a ramazos una y otra vez. Me golpeaba con las ramas la cabeza, el pecho, la espalda, los brazos y las piernas. Luego, con voz fuerte llamaba a mi alma para que volviera al cuerpo. ¡Alma de Joseantonio ¿Onde estás?! —gritaba— ¡Alma de Joseantonio ¿Onde te quedaste? ¡Alma de joseantonio, ingrata! ¡Alma de Joseantonio! ¡Si te quedaste en el agua, venite! ¡Si te quedaste en el río, regresá! ¡Alma de Joseantonio ¿Onde estás?!
Luego se echaba un buche de aguardiente y con su boca me rociaba la cara y la cabeza. Fuertes, olorosas y frías eran las pulverizaciones, y luego un buche se quedaba con ella para calentar sus tripas. Después venía otra rameada y luego otra, aunque al final la perorata cambiaba y entonces refería a la Santa Cruz, a San Martín Caballero protector de desvalidos, y a los tres santos de la familia: San Antonio Abad, San Antonio de Padua y San Antonio del Monte.
Todas las ramas usadas, esparcidas, se quedaron durante una semana, debajo del petate de mi cama; durante esos días no hubo baño, me dieron caldo de gallina, de chipilín y huevos, me mantuvieron “en reposo”, según escuchaba, y luego efectivamente, ¡Santo remedio! De modo que sí era cierto. Que con las ramas del cacahuananche o madredacaco se curaban y aún hoy se curan, no sólo el espanto y el antojo de las embarazadas, sino también algunas formas del mal de ojo. Cura, aunque más bien elimina el llamado “calor del estómago” ―“hervir varias hojas y tomar como agua de tiempo”, recomiendan los curanderos―. El follaje hervido o macerado en alcohol sirve para lavados estomacales, en tanto que “controlador de la fiebre”, antirreumático y contra trastornos respiratorios. Y en el tratamiento de los granos sobre la piel, se hierven las hojas en agua, con las que se baña al enfermo.
Sirven igual las hojas del cuchunuc, en los casos de empacho y erisipela. También en “limpias” para eliminar la llamada “vergüenza” y el “mal aire”, e incluso, sus flores previamente remojadas en agua, al igual que “la sustancia que dejan”, es usada para evitar la caída del cabello.
Finalmente pasemos a su descripción botánica: arbusto de hasta quince metros de altura, de corteza café clara, rugosa, provista de protuberancias blancas. Sus hojas son alternas, compuestas, de siete a quince hojuelas pinnadas ―en forma de peine y a ambos lados del pedúnculo―, aovadas, medianas y algo pálidas por el envés. Sus flores son abundantes, entre blancas y rosadas, aromáticas, y sus frutos o vainas son aplanadas de diez a quince centímetros de largo.
Y vayamos a algunos usos adicionales, como en carpintería, pues su madera, aunque es externamente clara, dentro, su corazón es oliváceo obscuro, que se ennegrece con el tiempo. Es dura en extremo, pesada y fuerte, y… “aunque no se trabaja con facilidad, adquiere buen pulimento”; es notable por su gran durabilidad. Las hojas ―aún no recordaba― son ingeridas por el ganado en general: caballos, asnos, mulas y probablemente cabras y borregos y, como ya todos sabemos, sus flores son alimenticias del ser humano, al igual que como arriba se ha indicado, el cacahuanano se usa en cercas vivas. Ello debido a que con trabajo escaso se cortan sus ramas, estacas o esquejes, se siembran durante el tiempo de lluvias, y prenden y retoñan con facilidad.
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