A doña Lupita Ríos, nuestro cariño.
Gabriela o Gaby, alumna de la Facultad de Humanidades, recién se ha animado a efectuar una investigación exploratoria sobre las coronas o rimas de felicitación, típicas de los festejos familiares en Tuxtla Gutiérrez. Nosotros guiamos el proyecto, ella desea concretar una parte del trabajo en su tesis de licenciatura, y lectores y bibliotecas requieren desde hace tiempo una monografía sobre el tema. Así que nos sentimos precisados a escribir estas líneas. Para estimular su esfuerzo pionero, para echarle vivas y porras, pero sobretodo: para desmentirla y desmentir a quienes, desde la superficie, creen que la tradición del cumpleaños y día de santos, acompañado de coronas, ha desaparecido o se avecina su desaparición.
La tradición de esta particularidad festiva —tanto del artilugio que ciñe la testa de los festejados, como del complemento literario que se expresa en las rimas armonizadas o “versos para coronar”—, integrada a la celebración que se efectúa en la víspera del Día del Santo o Cumpleaños de las personas, sigue perfectamente viva en Tuxtla Gutiérrez. Viva entre las y los tuxtlecos de pura cepa, aunque ya se observa cómo adoptan esta costumbre, los inmigrantes radicados en la ciudad, del mismo modo como es típica en los ejidos, colonias y barrios del valle central.
| © Emotiva corona. Tuxtla Gutiérrez. 2014. |
Y se deduce que la tradición está lejos de perderse, por lo que es evidente:
1. En los tendejones de barrios y colonias no faltan las coronas artesanales, e incluso se observan variedades: de florecillas de papeles diversos, de chiles secos y verdes, de chicles y dulces envueltos.
2. En las tienditas y misceláneas informan que los artefactos son surtidos por algún proveedor de coronas y trabajos manuales.
3. Al teclear en la red digital: “versos coronas Tuxtla”, aparecen por lo menos veinte vídeos y referencias sobre el tema.
4. Todos los mariachis y marimbistas de la ciudad saben de coronas y coronaciones.
5. Propios y extraños todos, alguna vez han sido convidados a una “coronación”.
6. En los mercados públicos y en las escuelas Primarias de la ciudad, es posible observar la coronación de algún profesor o marchante.
7. En el mercado de las flores o Veinte de Noviembre, hay floreras hábiles que se dedican a la elaboración de coronas verdes, rosas y encarnadas, aunque también de jazmines y gardenias.
Nos animamos a asegurar que, en toda la ciudad, no hay una sola familia —de las que expresan su oriundez tuxtleca, o admiten su ascendencia zoque—, en donde no exista un o una excelente declamadora de versos para coronar, dicharachera o versificadora de memoria extraordinaria. Debemos reconocer, sin embargo, que la celebración del santo o cumpleaños —incluida la ceremonia de coronación en la víspera del festejo— cada vez es más una festividad de gente mayor, por arriba de los cuarenta años. Aunque también es cierto que entre tales familias se festeja de este modo, se corona y se bendice, no sólo a adultos, sino a niños, adolescentes y jóvenes.
Lo que ocurre normalmente es que algún familiar del festejado, o alguien amigo suyo, le invita o le recuerda el mismo día, o un día antes de la víspera del cumpleaños o día de santo, asistir a la casa del agasajado, para coronar al susodicho. La cita antiguamente era por la tarde, aunque ahora, regularmente es entre las ocho y las diez de la noche.
Asisten los vecinos, familiares y amigos del homenajeado. Y alguien lleva y quema triques, petardos o cuetes junto al domicilio del convite. El propio festejado o alguien de la familia, ofrece bocadillos o botanas. Sirven refrescos preparados en casa o industriales, mistela o licores dulces, cervezas y en ocasiones aguardientes y… lo más sublime: cuentan que antes era común que alguien (el novio de la dama, por ejemplo) llevara marimba, “teclados”, o banda de mariachis, siempre contratados para una o dos horas, tiempo en que se armaba el jolgorio y el baile.
Hoy es común que se espere a la mayor parte de los convidados, para entonces proceder a la coronación del cumpleañero o al del día del santo, por parte de alguien de la familia; aunque también se observa a diferentes “coronadores”, quienes, tal como llegan al festejo y sin más ni más, coronan al obsequiado, a quien siempre se acomoda en la silla más agradable y bonita disponible, al centro de la sala.
En todos los casos muy pronto circulan los platillos y bebidas descritas, aunque hoy, sólo en ciertos casos continúa el baile. Cuando los voluntarios y convidados se marchan, entonces el festejado se acerca a ellos —sólo a algunos e incluso a muy pocos— y junto a la oreja, o en privado, les dice algo como lo que en alguna ocasión me dijeron: “don Toñito, por favor no vayan a faltar. Mañana los espero a las dos. Voy a preparar un poquito de mole y unas cervezas”.
De una compilación de coronas (“Versos para coronar o rimas de felicitación”), toda ella aún en proceso, misma que ojalá muy pronto vea la luz, extraemos ésta, probablemente la más hermosa de las coronas tuxtlecas. Se intitula “Felicitación de los doce meses. Versión 1”.
Enero
al felicitarte,
con
febrero tu[s] cumpleaño[s].
Marzo
te brinda mil años
con
que [viene] [vine] a saludarte.
Abril
con mucha alegría,
mayo
con [tanto] [tantísimo] anhelo.
Y
junio [te] [me] envió del cielo,
como
prenda de este día.
Julio
con regocijo,
agosto
lleno de [lores] [flores].
Septiembre
toma sus flores
para
ser privilegiada[o].
Octubre
cual serafín,
noviembre
[estás] a su lado,
y
diciembre te ha entregado
la
corona [del] [en el] jardín.
Con
gran placer yo he tomado
los
doce meses en flor.
Forman
corona de amor
los
cuatro tiempos del año.
Hoy
vengo a felicitarte
con
esta bella [canción] [reunión],
que
todos, de corazón,
te venimos a coronar.
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