Creo que fue a principios de 2005 cuando efectué esta entrevista en Tapachula. Un amigo me presentó a la joven en el Fu Khien, un exquisito restaurant de comida china. Toda ella vestida de rojo, le recuerdo formal, preciosa y de mirada inquisitiva. Desde nuestra primera conversación supe de sus antiguos nexos con el negocio de estos giros. Ahora se había alejado de ello, aunque desarrollaba sobre la cuestión una mirada crítica. Colaboraba con una empresa multinacional, en la que ponía en juego sus habilidades para las relaciones públicas, descubiertas en alguna universidad del centro del país.
Y es preciso agregar que por fin hasta hoy me he dado tiempo para transcribir y revisar la entrevista. Que tal como ayer, estos textos nos parecen absolutamente actuales. Que lo que aquí se cuenta no son más que verdades exquisitas, y que, si el Estado no pone especial atención en Ciudad Hidalgo, Tapachula y Huixtla —las ciudades devastadas por el huracán S[a]tán—, los monstruos que acá se pintan, se enseñorearán como nunca, no sólo de estas ciudades sino de toda la frontera sur. Aprovechando la pobreza y el atraso que cada vez se acrecienta con las recurrentes catástrofes físicas y sociales.
Maras, moscas y canguros
Son muchachos los que más le entran a eso. De la Secundaria, la Preparatoria. Y no, no creo que traten de cooptar a la gente… la verdad es que son muy pocos los jóvenes de Tapachula que pertenecen a las maras. Hay colonias específicas en donde se concentra la delincuencia y [ahí es donde] habitan los chavos maras. La Obrera, Indeco Cebadilla... yo me imagino que están ubicados y asentados por colonias. Que su presencia tiene que ver con áreas de influencia, pues a veces surgen enfrentamientos, y luego se sabe que es debido a que algunos chavos se han metido a la colonia de otros...
Sí. Mara es como [un] sinónimo de bandas, aunque un poco especiales, diferentes. Niñitos matalotes que van contra otros jóvenes e incluso los asesinan. Casi no se meten con gente adulta. [Son típicos] los enfrentamientos entre bandas. Están la MS 13 y la Mara 18 como las más sonadas, y entre ellas se disputan la ciudad. Aunque también han tenido enfrentamientos con chavos de otras colonias. También [pululan] por la zona de la colonia Palmeiras, por el rumbo del aeropuerto viejo, y en general en las colonias marginales de la orilla. Los maras se han enfrentado a colonos de otras zonas.
La explicación general que se da es que se iniciaron en Estados Unidos. Que son jóvenes latinos, delincuentes en el sur de Estados Unidos, deportados a México o a Centroamérica, [pero que] en su camino se quedan y se establecen en esta frontera debido a la facilidad [con la que] pueden cruzar y mantenerse aquí. Aquí [incorporan] a su modo de vida a otros chavos que pretenden cruzar todo el país para ingresar a Estados Unidos. [De modo que] aunque su origen es el Norte, todos originalmente son centroamericanos. Especialmente salvadoreños. Se dice que el núcleo principal de estas bandas es liderado por salvadoreños.
En lo más reciente, un grupo de maras esperó de noche, a las afueras de Tapachula, un convoy carguero del ferrocarril. Sabían que pasarían muchas moscas, una gran cantidad de indocumentados en calidad de moscas, pegadas a los vagones y [cisternas] del tren, y… así fue como lo planearon. Los bajaron a punta de garrotazos pues el tren aún no se encarreraba. Subieron. Los bajaron a garrotazos, les quitaron todo lo que llevaban encima y a más de eso los dejaron una desgracia.
[De su lado,] las chicas que forman
parte de las maras se dedican a la prostitución. Saben que entre más dinero
logren hacer en la frontera, mayores posibilidades tienen de cruzar el país y
llegar al Norte. Las chavitas se prostituyen y le entran también a los asaltos
para proveerse de dinero, y así garantizar techo y comida para los de la banda.
Hace dos años, por ejemplo, precisamente al terminar el desfile del Veinte de Noviembre,
asaltaron así, con garrotes y en bola, a los chavitos de una secundaria. Les
quitaron sus alhajas, relojes, dinero e incluso [los] zapatos que llevaban
puestos, y fue a varios a quienes atracaron. Aprovecharon las calles cerradas
del rumbo de los bomberos para asaltarlos, en donde los profesores dieron la
indicación de romper filas. Las
calles estaban cerradas al tráfico, [de modo que] la policía no pudo hacer nada
y fácilmente escaparon.© Ciudad del ayer. Tapachula.
Algunos se metieron […] a casas particulares y desde ahí amenazaron a las familias para que no los denunciaran ni los corrieran. Se supo de maras que intimidaron a la gente de algunas casas: “si me denuncian, al rato venimos en banda y los jodemos por culeros”. Ahora, luego de eso hubo una reacción [por parte de] los tapachultecos. La gente comenzó a pensar seriamente qué hacer con esta gente indeseable y, puees... comenzaron a aparecer chavos muertos, no precisamente por enfrentamientos. Se decía que la población deseaba organizarse para [repetir] lo que alguna vez ocurrió en la ciudad: hacerse justicia por propia mano y aplicar la “ley fuga”. Irlos eliminando poco a poco y aplacarlos, pues. Ya es mucho el desorden que provocan en la ciudad.
Sí. Yo creo que sí son utilizados por el narco. Quizás no en la parte pesada, en el tráfico de grandes cantidades, pero sí en el llamado “tráfico hormiga”, [en donde ellos] son la parte fundamental. Trafican para los grandes y serían los responsables de las ventas personales y al menoreo en Tapachula y toda la frontera. Así es como se ha incrementado el consumo de drogas, especialmente entre la gente joven […], en particular mariguana, cocaína e inhalantes. La cocaína porque se ha puesto de moda entre los chavos que cargan dinero, y porque tiene que ver con rollos de [prestigio]. La mariguana porque tradicionalmente [ha sido la] droga [más] barata y de fácil acceso. Y los inhalantes...
Y es que en [el medio] de las parrandas, bares y prostíbulos llegas a identificar o a escuchar el nombre de personas que se dice, comercian o distribuyen coca. Llega a saberse que Fulano, Zutano… que aquél vende... o los mismos canguritos se encargan de eso por un billete y así, con ellos encuentras cigarros de mariguana o grapas.
En la frontera los maras están en Tapachula, [en] Puerto Madero, Cacahoatán y Suchiate, [pero] últimamente se han ido expandiendo. Su área de influencia es cada vez mayor. Se sabe que ahora ya se les ve también en Comitán. Pero esta gente está establecida formalmente acá. Aquí hacen sus ilícitos y negocios. [Aquí está] su modus vivendi. No veo mayor [movilidad], salvo sus nexos con Guatemala y El Salvador. No creo que puedan mantener sus nexos con la gente del Sur de Estados Unidos…
Es una parte de la población tapachulteca, la de las colonias más atrasadas, la que se está inmiscuyendo en las bandas. Algunas zonas de operación, [las] más localizadas de los maras serían: la zona de las vías [abandonadas] del ferrocarril hasta Nuevo México, el camino más trillado por todos los indocumentados. Las Guacas sería otra zona, la zona de tolerancia más importante de [toda la región], un punto importante [junto] a la zona habitacional de Los Flamboyanes y la colonia de los Pitufos, en donde se concentran familias pobres. Está a la salida de la carretera costera, hacia el Norte, hacia el rumbo de las gaseras. Otro centro de operación sería Puerto Madero. La zona de tolerancia de Puerto Madero, [por el rumbo del] panteón.
Otra zona propicia, aunque pequeña, [vinculada a] la zona de las vías del ferrocarril es el mercadito. El mercado de la estación, junto al parque de esa zona, pues ahí son frecuentes las cantinitas, algunos prostíbulos emboscados y [hasta como una especie de] zona de tolerancia sin ningún control de parte de las autoridades. Hay muchas cantinas alrededor del mercadito, donde también se da la prostitución. Por ahí [precisamente], hace años funcionó el famoso 43, el bar en donde se inició la prostitución de centroamericanas y fue clausurado por la muerte de algunas personas. Ahora convertido en un cabaret formal, se encuentra en lo que antes fue el bar La Cascada.
Otra zona de operación importante de los maras y de las bandas [en general] y de algunos chavos [en particular], es la zona del mercado San Juan, pues como ahí siempre hay concentraciones de gente y mucho movimiento, aprovechan para cometer asaltos... Y también estaría la parte Norte de la zona [de] Xochimilco hacia arriba, lo que es la Cinco de Febrero y Las Américas... como quien va hacia Nueva Alemania, a la izquierda. Una zona alejada [y] peligrosa debido a la presencia de delincuentes. Y también la Obrera que está [justo] detrás del mercado San Juan, a la izquierda, junto a las pestilencias del río Coatán.
Prostis y cabarets
Si, es cierto. Se ven. Aunque... se supone que los prostíbulos, así, como suenan, sólo están en Las Guacas, en donde son permitidos abiertamente. Pero las cantinas con este servicio, [incluso en el centro de] Tapachula, claro que existen. Están ahí. Lugares en donde [menudean] las famosas teiboleras. Cantinas en donde igual, se supone que sólo te ofrecen el servicio de teiboldans… Hubo uno que fue el más conocido por bastante tiempo: el bar El 43, un prostíbulo así, inmenso, con una cuartería alrededor del patio. Y El Marinero que aún sigue en el mismo lugar [...]. Es un bar al igual que Las Morenitas, igual que Los Almendros, igual que El Jacalito... [en donde] la zona de Los Laureles. Hacia lo que es la Once hay también varios bares en donde, [en sentido estricto], también se ejerce la prostitución, aunque sea de un modo velado.
Lugares como puntos de referencia, en donde se encuentran chavas. Vas, bebes, llegas a algún arreglo con ellas, y de ahí las acompañas hasta los moteles de afuera [o a] algún hotelito del centro. [Son] como una especie de casas de cita, sin ser precisamente administradas por los dueños. En donde el dueño del bar no entra al “negocio” de las chicas. Es cuestión de las chavas si desean salir, tirarse [al] cliente y establecer el precio [o las] condiciones. Digamos que no gana o no entra al negocio el dueño del bar. Sí se retribuye [a las muchachas], pero… porque atraen clientes para el consumo de cervezas o licores.
Fichan. Se sientan a la mesa de los clientes, bailan con los clientes. Y además, se les paga por las veces que participan en los shows. Y si luego… más tarde les sale alguna movida con los clientes, pues se van. Pero sin responsabilidad alguna de parte del dueño o dueña del [antro]. Van a cuenta y riesgo, sólo de las propias chavas.
Inicialmente la zona de tolerancia se estableció en Las Guacas debido a su situación como [barrio] apartado, de difícil acceso; sin embargo, es cierto que ahora se encuentra prácticamente dentro de la ciudad, pues las calles y el [desarrollo urbano] las invadió. Antes, hace muchos años, la zona de tolerancia estuvo sobre la Trece, mero en el centro, en donde hubo un cabaret llamado Las Burbujas. Era de alguien relacionado hasta hoy con estos negocios.
Ahí incluso celebraban anualmente una gran fiesta. La del Señor de Esquipulas y todo ese rollo... Y estaba ahí [...]. La zona abarcaba todo ese rumbo, por la entrada a Los Laureles, [por el área] del puente peatonal. Ahí estuvo por muchos años y ahí encontrabas por el lado de la calle, cuarterías en donde públicamente se mostraban las prostis, ofreciéndose como si cualquier cosa. En medio de niños, niñas, señoras. Les valía…
En Cacahoatán [estas mujeres] son famosas por el [afamado] lugar ese, el mentado Ranchón. El cabaret más grande de todo el rumbo. Dicen. Y en Suchiate también, sobre todo por la cantidad de gente y de recursos que ahí se mueve. La cantidad de prostíbulos con fachada de cantina es grande. Abundan en especial, por los militares, [choferes, cargadores], gente que va de paso... gente vinculada al tráfico legal e ilegal de mercancías y todo lo que pueden.
Cuando en Tapachula […] no existía una zona de tolerancia —lo que es ahora Las Guacas—, a Cacahoatán y al otro lado del río [Suchiate], pasando el puente de Talismán, al lugar que le llamaron […] La Embajadita…, [hacia allá] se dirigía todo el negocio de las prostis y los jóvenes tapachultecos también. Aunque ya desde ese tiempo existía bastante actividad en Puerto Madero, que es en donde se inicia el negocio, debido a la presencia de los marinos. Aquí, en Puerto Madero, la zona de tolerancia fue llamada por largo tiempo, y creo que así le siguen llamando: el Pijuyal. Desde el panteón del puerto hasta varias cuadras adentro.
Y puees... yo… [El Ranchón] la verdad no lo conozco. Pero la gente habla de él como un... vulgarmente como un putero. Un prostíbulo. Con mujeres a morir… y alcohol a lo bestia. Regularmente surtida de mujeres centroamericanas, buenas, buenotas, no viejas, ni maduras tampoco, sino mujeres jóvenes, muy muy jóvenes; bonitas, [esbeltas], pero sobretodo chavitas que no rebasan los veinte años. En Tapachula uno se encuentra con teiboleras que apenas tienen dieciséis, dieciocho años y ya traen abortos, ya traen hijos… experiencias, [amantes]... una serie de historias que te narran que... ¡Por Dios qué vida la de esta pobre gente! Unas experiencias que te quedas de a cuatro...
Abigeato y otros delitos
Ahora los tapachultecos han dado por viajar a Tuxtla Chico [e incluso a Cacahoatán], en donde se consigue carne de res fresca, de mejor calidad y más barata, aunque desde siempre ha sido así... sin embargo hay algo raro ahí. Una de las razones ha de ser porque el ganado en toda la frontera, antes de llegar a Tapachula es muy barato, pues es ganado que se introduce a México ilegalmente… sin pagar impuestos y hasta… seguramente procede del abigeato que se da en Guatemala [...]. Familias de renombre [de la región] están o estaban metidas en el tráfico de animales.
Antes, los ajustes de cuentas —cuando se sabía de ellos—, se daban entre [acreedores] guatemaltecos mafiosos y compradores de ganado robado. Aquí entregaban [hatos enteros] de ganado robado para su [comercialización]. Cuando por alguna razón no pagaban aquí, puees... venían los guatemaltecos a ajusticiarlos por quererse pasar de vivos. Por haberse quedado con la lana. Pero esto fue antes de hoy, [antes de la delincuencia organizada que se observa hoy]. Y este negocio estaba relacionado también con el tráfico de pieles, pieles de res que venían de Centroamérica, pieles del ganado robado que se sacrificaba aquí, en la frontera, y pieles de animales que se cazaban por su rareza, [cocodrilos, por ejemplo]. Toda la piel era remitida por tren hacia Guadalajara o León.
El veinticinco por ciento de los homicidios que aparecen en la región tiene su origen en la delincuencia organizada y especialmente [en] el narco, aunque tal vez un tanto se debe a la cuestión del abigeato y el tráfico de ganado y autos robados. Las señales típicas de las eliminaciones del narco tienen que ver con bala en la cabeza, en la sien, o [tiro de gracia], tortura, [mutilaciones] y evidencias de violencia.
Lo demás es atribuido al alcohol, a enfrentamientos callejeros, a las bandas... aunque todos los delitos provocados por los maras y las bandas en general, no son considerados como provenientes de la delincuencia organizada. Los maras aún no son percibidos como delincuentes organizados, o en potencia […]. Las diversas policías y dependencias que administran justicia no ven que haya una intención organizada [por parte de] las bandas al cometer [sus fechorías]... como si se efectuaran a iniciativa de las diferentes bandas...
Frontera sur
Para la gente de Tapachula, [Ciudad Hidalgo] es sólo un paso. No le dan mayor relevancia. Sería sólo un paso, un puente [a Tecún Umán] únicamente, en donde apenas consigues algunas cosas. Aunque... ha de ser totalmente otra cosa para los guatemaltecos: ciudad pequeña pero próxima para las compras al menoreo y el [trasiego] de mercancías de México hacia Guatemala. Ahora… todo lo que antes podías comprar ahí o incluso del otro lado, ya lo encuentras aquí mismo y sin tanto riesgo. Antes, la gente de Tapachula iba por algunas compras [a la frontera], y hasta lo veían como día de descanso. Pero no paraban en Ciudad Hidalgo. Pasaban de largo y se iban a Tecún Umán, hoy una ciudad fea. Fea, fea. Ahí, o más adelante, encontrabas las mercancías que buscabas: telas, vajillas, pólvora, electrodomésticos...
Aunque últimamente, desde hace diez años para acá, la percepción de los tapachultecos [respecto de] Ciudad Hidalgo ha cambiado radicalmente. Es [el puerto de frontera] más importante de la región; [lugar en] donde se resuelven permisos y gestiones para la exportación y la importación de mercancías, combustibles, productos industriales de México para Centroamérica, [etcétera]. Se resuelven cuestiones de fletes, carga, traslados, pasaje, tráfico, facturación y... junto con esto, el contrabando ligado al transporte, a los trailers que aquí cargan, descargan… a los grandes espacios de [estacionamiento] de camiones...
El narco y sus caminos
El narcotráfico tiene que ver con... los pasos más reconocidos son: Ciudad Hidalgo, Talismán, a través del río Suchiate, por el mar, por la desembocadura del Suchiate —por el rumbo del ejido El Gancho— y por el rumbo de Comalapa y Comitán [...]. Y... la gente metida al narco en la región es muy flotante, irregular. Nunca es gente a la que se le pueda detectar con nombres y apellidos... la frontera sur ha cobrado importancia, no tanto por el volumen de las drogas que se internan sino por la [modalidad] que aquí ha tomado el tráfico. [Una especie de] tráfico hormiga en donde lo más importante es la cantidad de gente que interviene en el negocio, sobre todo como burros, como transporte. Droga que probablemente se acumula aquí, de este lado de la frontera, aunque podría ser que así, en cantidades pequeñas… así llegue hasta el lugar de su destino en el Norte del país...
[Y otra vía frecuentada es] el mar, a través de [barcazas y lanchas] de pescadores y, lo más tradicional: a través de avionetas que aterrizan [a campo traviesa] en campos acondicionados, carreteras, ranchos y ejidos. [Aparatos que surcan] el mar desde Colombia o Centroamérica. O las avionetas que tiran o siembran cargamentos de coca en lugares precisos desde Tapachula hasta Tonalá, pero especialmente en este [último] municipio, y en el área de Acapetagua y Acacoyagua, por la zona de Las Palmas. Y se sabe esto debido a que la gente observa, pues no son tontos. Saben de las avionetas rasantes, saben que tiran cargamentos quien sabe de qué. Y que hay gente [montada en] camionetas que circulan por los caminos de madrugada... Incluso hay jóvenes que se involucran en el negocio, pues luego aparecen con propiedades, vehículos… en fin.
En la propia Tapachula hay gente involucrada, incluso gente bien y [hasta] personal de las propias dependencias del gobierno. Los agentes de Migración estacionados en el aeropuerto son un ejemplo, en el caso del tráfico de indocumentados y drogas. Es gente que según decían, [obtenían] diariamente doce, veinte mil pesos, tan sólo por dejar pasar algunas revisiones. Y todas las policías estarían involucradas: migración, hacienda, aduanas, judiciales, municipales. Todas estacionadas en los puestos de revisión… en El Manguito, Echegaray, Viva México y las que siguen. Incluso se sabe de la participación de los marinos. No de los militares, pero sí del personal de la Armada y también de agentes del Ministerio Público.
Son agentes maleados, viejos, corruptos, que no sólo aceptan, sino que buscan el modo de hacerse de dinero por esta vía. Sacar toda la lana que sea posible, a cambio de dejar pasar gente, drogas, armas, cartuchos, pólvora… cualquier cosa.
Hace poco, por ejemplo, en septiembre, mataron o ajusticiaron a un agente del emepe, un tal Rosemberg Sierra, aquí en Tapachula, y todo el mundo afirmó que se debía a alguna disputa relacionada [con el hampa], aunque formalmente se explicó que fue por haber dado fe de un decomiso de dinero, unos 900 mil o un millón de dólares que se encontraron en una camioneta del narco, accidentada, [rumbo al] Puerto o hacia Talismán.
No reportó todo… o nada del dinero. Al saber… y entonces... así de sencillo: pocos días después fue acribillado, en su coche, a plena luz del día, frente al Chedraui. Sin importarles nada. Se supone que hay una ley no escrita en [el medio] de esa gente, por la cual es [comprensible] que los bienes y dineros del narco sean decomisados por [el Estado], pero nunca robados por particulares. Y mucho menos por gente ligada a la policía. De otro modo, te mueres. Y siempre ha sido así. Lo que ocurre es que ahora es más visible. Más notorio. Y es mayor la cantidad de gente involucrada en esto.
Prostitución de menores
[En cuanto a] delitos relacionados con la prostitución: el lenocinio, el alma del negocio… Nunca el robo o el asalto, pues los bares tienen identificados a sus clientes y [estos] a sus dueños y al personal y a las chavas que… aunque están siempre de paso, son identificables. Pero el otro delito tipificado sería la prostitución de menores, la prostitución infantil, aunque no se da tanto en este tipo de negocios… esto debido a que son [lugares] establecidos, y existe [entonces] un control más cercano por parte de las autoridades municipales. Pero ahora se ve en algunos lugares. [Y todo] porque en general el negocio [carnal] es ahora algo más generalizado. Se ha multiplicado, y se le ve hasta en las calles del centro, por las noches.
A las once o doce de la noche es común observar a las jovencitas con sus minifaldas que las [identifican]. Tu transitas por la calle central entre la Octava y el cruce de la Central Poniente, el cruce de la Segunda Sur y de la Cuarta, la calle que conduce hacia la frontera, y ves con tus propios ojos a las chavas, niñitas, jovencitas aún, ahí paradas, [prostituyéndose]. Se ve que son jovencitas, niñas pues… y es que [antes] no veías ni siquiera mujeres mayores mostrándose en este negocio en las esquinas. Sólo alcanzabas a ver apenas, algo, en el parque central, por Los Comales, atrás de San Agustín y del mercado Sebastián Escobar. Pero a altas horas de la noche. Mujeres macizas, profesionales de eso y también [homosexuales]. Ahí las encontrabas, pero no en las calles más transitadas de la ciudad.
Bares como prostíbulos
La verdad es que los dueños de estos lugares no atraen [a las chicas]. Incluso no [recurren] a ellas sino [que, ahora ellas mismas] ofrecen sus servicios. Y en general estas cantinas puees... es cierto. Ya no son estrictamente cantinas. Se han transformado […]. Originalmente fueron cervecerías pues solamente contaban con permisos para expender cervezas y ninguna clase de licor […]. Pero una entrada muy fuerte para los municipios [de la región] es precisamente la venta de cervezas en estos lugares. [Y no tanto por] el pago de impuestos correspondientes que es [en sí mismo importante], sino por las cantidades que circulan bajo el agua… las mordidas que los del negocio pasan a las autoridades; ya sea a inspectores del municipio o de Salubridad.
Lo que ocurre es que los establecimientos tienen alguna categoría en su permiso: tipo de bebidas, alimentos, horarios de apertura y cierre... y entonces... una cervecería abre a las doce del día y debe cerrar a las seis o siete de la noche. Tú te pones de acuerdo con el inspector y todo se arregla. Le das 400 pesos semanales o mil mensuales, qué se yo… no recuerdo la cantidad, y te da chance para cerrar un poco más tarde. Las ocho de la noche, por ejemplo, pero… con todos tus clientes adentro. Para cerrar definitivamente hasta que tus clientes por su propio pie se [vayan]. Esto mientras no haya problemas con los vecinos; mientras ellos no se quejen, pues si es así, entonces hay que cerrar a la hora y eso puees… eso no es negocio para nadie. Obviamente el dinero [del que hablamos] va a la bolsa de los inspectores. Eso no se reporta [a las arcas del] Ayuntamiento.
Ahora, además, la concesionaria, la distribuidora de las cervezas [en la región], paga al del [antro], el permiso de su cantina al municipio. Ahora, las cantinas formales, los bares como Las Morenitas, El Jacalito, El Marinero, lugares así… ya son considerados “centros nocturnos”, y entonces estos pagan permisos diversos. Para expender licor, para montar o regentear “alguna variedad o espectáculo” dicen; para poder tener personal extranjero, para mil cosas... para cualquier cosa deben pagar […] permisos. Pero permiten que cierren [estos establecimientos] a las dos o tres de la mañana. Cierran las puertas y ya no se permite el ingreso de nadie más, aunque igual. Puedes cerrar hasta que tus clientes se vayan.
El negocio de los cabarets
¿Qué cómo se introducen las chavas? Pues… antes el negocio era contratar a mujeres que trabajarían como meseras, la mayoría centroamericanas. Las meseras eran jóvenes, de buen cuerpo… se escogían las mejores, pues éstas atraían al cliente. No existía en esos años el famoso téibol. Las meseras tenían la consigna de hacer consumir al cliente, atenderlos bien, a cuerpo de rey… Era ya, [desde ese tiempo], rollo de la mesera si aceptaba salir o irse con los clientes. Era su “negocio”. Mientras estuviera en el bar y se tomara alguna copa con los clientes eso [representaba] una lana para la mesera. Sin embargo, las redadas de Migración llegaron a ser rutinarias. Mucha gente caía y se las llevaban... aunque igual, de por sí había gente que... por una lana: “¡Aguas! Ahí va una redada”. “¡Cuidado!”… te informaban.
[Y entonces] las chavas a correr o a sacar a las [mujeres] del negocio, siempre por puertas ocultas detrás. Fue entonces cuando se dio por meter en la plantilla de las meseras, a dos o tres mexicanas, para camuflajear un poco; para [que] cuando llegara Migración tú les dijeras: “pues aquí están. Son tres o cuatro. Pero son mexicanas y… ¡Claro que son suficientes!”.
Ahora, el caso de las chavas [a quienes se llama] teiboleras fue algo más adelante, más reciente. Originalmente se traían mujeres de México, chavas que no se dejaban ni tocar… ni se iban con el cliente; a menos que hubiera un trato especial... que el cliente les cayera bien y les ofreciera una muy buena lana. Lo cierto es que llegaban a hacer su show. A mostrarse y [a darse] a desear. Se quedaban […] en tanga... Las chavas eran atractivas. Algunas mostraban cuerpos ¡Ah su! Bonitos. Chavas bien, pues. Así que únicamente llegaban a lo del show y atraían a la clientela, pero eso era muy caro. Se les pagaba todo: hospedaje, alimentación, transporte [e] incluso boletos de avión.
Pero antes de las chavas, a los bares de más o menos [cierta] categoría les metieron variedades… con comediantes, cantantes, e igual llegaban chavas que se decían “artistas”, que no sabían cantar pero que al ser atractivas eran bien aceptadas por la clientela. Se sentaban a la mesa del cliente, el cliente [las solicitaba], y luego pedía permiso para que la chava tomara algunos tragos con él. Y eso era normal. La chava pasaba por dos o tres mesas a lo largo de la tarde, hacía sus dos shows… y [en ese lapso] iba con los clientes.
Obvio: estas mujeres nunca beben [la misma] cantidad que los clientes. Mientras [ellos toman] ron o brandy, a las chavas se les sirve vino o jugo de frutas... regularmente un vino, sidra… “champaña” dicen ellas, pero es un vino preparado, mezclado con quién sabe cuánta cosa. Obviamente, para que no se emborrachen. Por esta razón nunca aceptan una cerveza, una copa servida ahí, o lo que estén tomando los clientes; a menos que a las chavas se les antoje. A ellas les conviene el vino o la “champaña”, pues eso es más caro y representa más lana […]. Es un porcentaje. En donde el 70 por ciento va a la caja y el 30 por ciento a ellas.
Luego de esta experiencia, los negocios encontraron otras alternativas, [pues] el costo de este [modo de operación] era caro. Había que pagar hospedaje, alimentación, pasajes y sobre esto, aguantar lo payasas que a veces eran... Había veces que el cliente quería ponerles las manos encima [y entonces] ponían el grito en el cielo, y con eso no se podía. Es entonces cuando a estos lugares se comienza a meter chavas centroamericanas... [que desde siempre fueron] más [maleables]. Estas ya no se quedan en tanga o con ropa interior, sino que se desnudan para el espectáculo y para los clientes.
Danzan y hacen el famoso tubo, y al pasar a las mesas [hay un punto en que] ya no se trata de hacer el téibol para todos sobre la mesa, sino para un sólo cliente y junto a sus piernas. Sobre las piernas… incluso poniendo su cabeza por en medio de las piernas del cliente… y [su sexo] junto a la cara... sin hacer el acto sexual, obviamente; sólo para calentarlo.
Y el “servicio de piernas en la pista” es otro. Se trata de mostrar todo a todos los clientes. Sus [genitales] descubiertos. Adelante, atrás, etcétera. Y el billete que [reúnen] en cada téibol es exclusivamente suyo. Es su “negocio”. En eso no hay parte para los dueños del [antro]. El negocio… [el chiste del negocio] para los dueños está en el consumo de los clientes: que consuman durante la variedad y mientras las chavas les brindan estos servicios... que nunca llegan al acto sexual, aunque... está por ahí otro servicio: los famosos “privados”. Pequeñas casetas en donde sólo cabe una silla y en donde por 200 a 300 pesos, al cliente le dan de cinco a diez minutos para una [fricción], un mameyito… baile, masturbación, o una penetración muy rápida, o incluso actos de masturbación hacia la chica, pero no el acto sexual, el coito formal. No hay el tiempo ni el espacio para eso.
Sí. Eso se ve. Se dejan tocar todo. En otros lugares [y en otro tiempo] no se dejaban tocar los senos, por ejemplo, pero ahora ya es otro rollo. Es más corriente. Es más, ya no encuentras mujeres en verdad bonitas. La prostitución de centroamericanas en la frontera se ha desvirtuado tanto, que ahora ya no son prostitutas aquellas chavas especialmente bonitas, dotadas o atractivas, sino, desgraciadamente, ahora sí… [cualquier mujer]. Cualquiera. De lo más inesperado, aunque claro… también encuentras mujeres bonitas, [galanas], mujeres que se conservan.
[Y en tal sentido] la población tapachulteca llega incluso [a percibir], a identificar a los grupos de teiboleras en los supermercados y centros comerciales; en la Plaza, en Fábricas, en los cinemas… por la forma en cómo van vestidas, por cómo hablan, por cómo derrochan la lana que se ve que cargan. Dinero fácil, dinero que, obviamente, ni se imaginaban. Y ahí la gente las identifica.
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