viernes, 22 de junio de 2018

Tuxtla, ciudad de perros

Tuxtla Gutiérrez, la ciudad capital de Chiapas, nunca antes estuvo peor que hoy, tal como saben los conejos de nacimiento y por adopción, aunque también quienes a diario viajan al trabajo desde los pueblos de la periferia a la urbe, e incluso los comerciantes y visitantes asiduos.
© ¡Cierto! Fumigación a fondo requiere Tuxtla. Ciudad de México (2014).
Esto, durante las administraciones de los peores presidentes municipales; peores por ignorantes, negligentes y corruptos: Yassir Vázquez, Samuel Córdova y Fernando Castellanos.

 Y es que, hoy y desde hace ocho años, los citadinos la peor ciudad del mundo: calles destrozadas, bulevares y vialidades sin señales de tránsito e iluminación, transporte público abusivo y chatarra, cerros de basura popr todos lados, perros sarnosos en mercados y calles, comercio y servicios en la vía pública, puestos de alimentos callejeros antihigiénicos  que obstruyen la movilidad, edificios abandonados y en la ruina, alcantarillas abiertas que a cada rato provocan accidentes, drenajes y escurrimientos a cielos abierto, hedores y pestilencias por doquier, agua sucia y de la peor calidad para nuestro consumo, y sobre ello: suministrada por tandeo, una o dos veces por semana.
De modo que el inventario de los despropósitos y calamidades de la ciudad iría al infinito, aunque debemos acotarlo para concluir en breve con los más evidentes: árboles y postes de la vía pública colmados de publicidad política y comercial, bulevares y jardines sucios, derruidos y abandonados; cruceros atestados de franeleros, drogadictos y limosneros; paradas del transporte público sin ton ni son, panteones convertidos en basureros y criaderos de zancudos, inexistencia de guarniciones y banquetas en la mayor parte de la ciudad, mercados y centrales de abasto absolutamente desorganizados, calles periféricas hechas lodazales o polvaredas, dependiendo del tiempo; parques y bulevares convertidos en mercados… basura, mucha basura y ausencia de basureros o atiborrados todos. 

Así que esta es la indigna, indignante, indigente y asquerosa realidad de Tuxtla; rosario de problemas que todos conocemos, menos el edil en turno y sus regidores. Lacayos uno, oportunistas otros, favorecidos todos. Y esto escribo, amigas, amigos, por tres razones: 1. Porque he vivido aquí, entre 1972 y 1978 y luego hasta hoy, desde 1984. 2. Porque la estulticia y la ignorancia seguramente ha embargado el pensamiento de los gobernantes en los últimos años. Al grado de no saber qué hacer con la ciudad; con la  encasez de agua entubada, con los fraccionamientos y urbanizaciones irregulares, o con el caos vial de toda la ciudad, por ejemplo, y 3. Porque no se observa ni pizca de ética, civismo y ciudadanía entre los residentes de la urbe, está de por medio nuestra vida y nuestra experiencia. En cuanto al dos, dos cuestiones hay que resolver de raíz: uno, traer más agua, purificarla y eliminar fugas, y dos, construir ya, los cuatro pasos vehiculares subterráneos que las autoridades deben a la ciudad en los cruceros más importantes de la Avenida Central, desde hace veinte años: en la Fuente, en la Calle Central, en el Cinco de Mayo, y en la Diana Cazadora. 

Es, sin embargo, el punto tres, el verdaderamente espinoso, pues, al carecer todos de educación cívica y compromiso social en nuestro carácter de ciudadanos, todo es barbarie, voluntarismo y estupidez, y más cuando debe agregársele el desgobierno que impera en la ciudad, o lo que es lo mismo: la ausencia de autoridad y la nula aplicación de leyes, reglamentos y ordenanzas. Pues todo mundo ante tal desorden... hace lo que se le pega la gana.

Ya nadie, o casi nadie, barre su calle o siembra árboles junto a la banqueta. Ya no se ven plantas ni jardineras junto a puertas o ventanas. Nadie arregla su calle en las fiestas patrias o en la Navidad. A donde quiera, la gente tira desperdicios (botellas, bolsas, residuos) e incluso furtivamente sus propias bolsas de basura. Miles de perros deambulan en la calle por la irresponsabilidad de sus dueños. Quienes sacan a sus mascotas no recogen sus excretas. Todos usan las aceras y las calles como si fuesen extensiones de su propiedad (cuando son del dominio público). Hay vecinos que extienden su estacionamiento sobre la acera, otros que estacionan sus coches sobre la banqueta, obstruyendo el paso de los transeúntes, y muchos más, usan la acera para sus escaparates, ventas y negocios. Los camiones materialistas expenden sus productos en la vía pública y obstruyen el tráfico. La gente no espera la señal o no atiende los avisos y saca su basura a destiempo. 

Esto es, decenas y decenas de comportamientos abusivos y obtusos, carentes de inteligencia y ... más hacia las orillas, hacia los barrios periféricos o suburbanos, en donde el caos es aún peor, ahí priva la Ley de la Selva: todos los pequeños talleres y factorías operan a mitad de las calles, particularmente, herrerías, mecánicas, soldaduras, tapicerías, lonas y viniles. De día y noche, camiones, autobuses y todo tipo de transporte de carga usan las calles como propios patios de manejo. Cualquier hijo de vecino obstruye las calles en ocasión de fiestas y velorios. Todos usan las calles como almacenes... de mil autos desvencijados y todo tipo de chatarra, materiales de construcción, escombro y en ocasiones madera y leña. Incluso es posible ver casas construidas sobre el lado de la calle, fuera de un alineamiento.
Así que, amigos, hay mucho qué hacer para mejorar los servicios públicos, la infraestructura vial y el mobiliario urbano; pendientes acumulados para embellecer la ciudad, sanearla y dignificarla, aunque… por sobre todas las cosas, hace falta a cada uno de nosotros, poner nuestro granito de arena, nuestra pequeña contribución. Desde llevar en el bolso nuestra basura a casa y recoger las heces de nuestros perros y gatos, hasta votar por un Ayuntamiento y dos diputados locales, inteligentes, experimentados, pero, sobre todo, congruentes con la ciudad que habitamos, con la ciudad que nos acoge, con la ciudad que amamos.

No hay comentarios.: