lunes, 25 de junio de 2018

Mi radio. Nuestra radio

Tal como dicta la hermosa expresión coloquial de Chiapas y Centroamérica, desde que tengo uso de razón… Desde que tengo uso de razón escucho y me encanta la radio. Desde pequeño me sentí atraído por las emisiones radiofónicas, aunque en especial por la voz, la palabra y los ritmos, capaces de transformar la realidad y el estado de ánimo de las personas; formar, informar y generar fantasía.
© El famoso radio de pianito. El Aguaje. Tuxtla Gutiérrez (2010).
Me gusta la radio desde entonces, desde los radio-receptores de “baterías secas” y antenas aéreas y terrestres; las cajas de caoba y baquelita, bulbos, teclas y diales; los pequeñines de transistores primero y de chips electrónicos después; los sencillos de una y dos bandas, y hasta los de ocho y catorce, con los que aún se sintonizan las emisiones de cualquier parte del mundo.

Y todo eso, gracias a que los benditos radios —otra expresión coloquial— no faltaron en casa, la de mis padres, tíos o abuelos. Gracias a que las noches de mi niñez comenzaban al pardear la tarde, a que no había luz eléctrica en el pueblo y entonces desde esa hora y hasta las ocho o nueve, escuchaba radio mientras jugaba con hermanos, vecinos y amigos.

De modo que a mediados de los años sesenta del siglo pasado, escuchábamos desde Los Cuxtepeques, a partir de las 6:30 o siete, las transmisiones y programas de la XEW “La Voz de la América Latina desde México”, la XEB “La Be Grande de México”, la XEX “Radio México Internacional”, la XEKQ creo, una radiodifusora de Tapachula o ciudad de México, la XET “La Te de Monterrey”, la TGW “La Voz de Guatemala” y Radio Chapinlandia, también de Guatemala, aunque no retengo sus siglas.
En el caso de las radioemisoras locales, ellas se escuchaban casualmente por la mañana o por la tarde, y dos eran las preferidas, o quizá las únicas: XEON “Radio Mexicana” y XEVV “equis e doblebé, La Voz del Grijalva”. En cuanto a la primera ¿Quién no recuerda sus eternas canciones campiranas y rancheras? y en cuanto a la segunda ¿Quién no escuchó alguna vez a “Isidro Aguilar López, patrullero 9-20”, o las Marimberías Doblebé?
Recuerdo algunos programas estrellas: Los Cochinitos, El Risámetro, El Cancionero Picot, La Tremenda Corte del famoso Trespatines y, entre otras radionovelas, creo haber escuchado: Chucho El Roto, “Kaaalimaan el Hombre Increíble”, Los bandidos de Río Frío, Corazón Salvaje y El Derecho de Nacer. Casi como en un sueño me vienen las voces de un programa de leyendas y otro de noticias, en donde confirmaba las historias que contaban las monjas del colegio y el nombre de los países que leíamos en los libros de Primaria. A un tiempo posterior —a la prepa y a la Universidad— corresponde mi gusto por la programación musical e informativa de estaciones radiofónicas lejanas: Radio Sutatenza Internacional (de Colombia), Radio Habana Cuba, Radio Rebelde, Radio Madrid, la BBC de Londres, Radio Moscú, Radio Pekín Internacional y la anticubana Radio Martí; tiempos de los comités mexicanos de solidaridad con… Nicaragua, El Salvador, Guatemala.
Después, a mediados de los ochenta, descubrí al señorón de las libertades públicas, a don Miguel Ángel Granados Chapa y su Plaza Pública, programa que retransmitido por alguna radioemisora tabasqueña, me condujo a Radio Universidad (o Radio UNAM), origen del programa que, por primera vez en México, cedía la palabra a activistas, organizaciones y movimientos. Yo trabajaba en Palenque y debía trasladarme a los parajes y rancherías de la ribera del Usumacinta, desde Playas de Catazajá rumbo a la Lacandonia. Bien recuerdo cuando en 1983 u 84 Blanqui y yo obsequiamos un potente radio-receptor portátil —de los que circulaban desde la zona franca de Chetumal— al buen Gustavo Zárate Vargas, cuando el gobierno canalla de Absalón Castellanos lo mantenía encarcelado en el penal de Cerrohueco.
A estos antecedentes y placeres atribuyo el gusto que aún mantengo por la buena radio. Por La Hora Nacional de todos los domingos, por ejemplo; por la media hora diaria, al tiempo de la afeitada y el baño, y por los retazos de música e información que sintonizo en el coche, de camino a la Facultad, al centro o a mi casa. O durante los viajes largos a Motozintla, Tapachula o el centro del país. De ahí mi incursión semanal durante casi un año, en Reporteros en Acción, noticiario de Augusto Solórzano y, recuerdo, mi euforia por la ocasión en que Juliana Matuz y otros compañeros profesores de la Facultad de Humanidades, elaboraban lo que luego fue una propuesta fallida de estación radiofónica, propia de la UNACH, independiente, alternativa, formativa y cultural.

Y traigo todo esto a colación pues… tres eventos han concurrido en Tuxtla con los meses iniciales del año: la fundación de una nueva radioemisora comercial (La Nueva. 94.7 FM), la creación de la primera radio universitaria chiapaneca (Radio UNICACH, en el 102.5 FM) y la incorporación de Susana Solís Esquinca a la dirección del buró estatal de radio y televisión. Tres eventos que pordios, son una especie de oasis, ante tanta desolación y bobería radiofónica local. En la primera observo talante y buena intención (nuevas voces, diversidad, información y opinión que ojalá se oriente hacia la crítica y la autonomía), en la segunda no puede opinarse aún, pues continúa en “fase de pruebas”, aunque ya se le observan destellos de inteligencia; mientras que en la tercera, sólo opino respecto de la programación de 93.9 FM. Han suspendido los peores programas, modificado el horario de otros, reasignado horarios y conductores, y en general se perciben nuevos aires: más profesionalismo y creatividad, aunque siempre en el contexto no de una radio cultural y mucho menos pública, sino de una radio oficial, interesada en la imagen y en la acción gubernamental.
De veras que agradezco haber mantenido mis programas estrellas: Radio Ombligo, Ahí viene la Marimba y toda la barra musical diversa, nocturna, aunque… lástima por el precursor programa Entre Mujeres. Agradezco igual la reinserción de algunos segmentos de Radio Francia Internacional, aunque sigue pendiente el noticiario completo y… concluyo: ojalá Radio UNICACH produzca en verdad la radiodifusión cultural que Chiapas anhela. Ojalá se fortalezcan las buenas intenciones del equipo de La Nueva 94.7 y ojalá las tres, por vida suya —última expresión coloquial— privilegien las buenas músicas del mundo: rock, blues, jazz, bossa nova, tango, clásica y orquestal, y un último encargo: por favor, ya no más música sin saber qué es, quién el autor, quiénes los músicos y “de dónde los cantantes”. La buena radio, amigos, educa. La ordinaria, embrutece.

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