miércoles, 13 de junio de 2018

Cuxtepeques, carretera y corrupción

Pensando en mi madre, doña Fausta.

Recién a propósito de un viaje de ida y vuelta, desde Tuxtla Gutiérrez a La Concordia y luego a Chicomuselo por esta vía, diáfanamente pude descubrir o comprobar, cómo es cierto que la corrupción gubernamental es hoy, una de las lacras más terribles de la Nación, junto con negligencia, impunidad y delincuencia. 
© A falta de camino feo, surrealismo puro. CCJS, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas (2016).
Comprobar cómo la corrupción se ensaña en el ámbito de la educación, la salud y las infraestructuras. En donde a pesar de disponer de cuantiosos recursos, tenemos alumnos descalzos, escuálidos y sin escuelas dignas de ese nombre. Muchas desprovistas de agua y luz, y ya no se diga fibra, internet o computadoras. En donde a pesar de tantísimo dinero, los quirófanos de las clínicas no funcionan, no hay camas plenas ni suficientes en los hospitales, y menos medicamentos adecuados en calidad y cantidad.

Y cómo esto, igual se observa en las carreteras, parte nodal de la infraestructura productiva y comunicacional del país, y aquí en particular, en ésta, la carretera de los Cuxtepeques, en donde a leguas se observa la podredumbre y la colusión del gobierno en sus tres niveles: el de la federación, el del gobierno del Estado y el de los ayuntamientos.

Me acompaña el ingeniero Gustavo en el viaje. Reflexiono con él sobre estas cosas. Le cuento que tan sólo hace tres o cuatro años, toda la carretera sería “modernizada”. Que tumbaron árboles añosos y rompieron a tajo varios tramos de montaña. Que pusieron nuevas alcantarillas y se reconstruyeron puentes. Que rehicieron todas las cunetas y pusieron nuevas carpetas asfálticas al pavimento y que, en fin, la dejaron transitable y aparentemente atractiva, llena de nuevas señalizaciones y anuncios de Mover México, espectaculares que referían cuantiosísimas inversiones, fotos de los gobernantes en turno, dos monumentos conmemorativos, agradecimientos por parte de los municipios que atraviesan la carretera (Chiapa, Parral, Villacorzo, La Concordia, Chicomuselo y Comalapa) y… todo para nada… o para casi nada.

—Ay, toño. Ya ni ganas da de salir —me dice Tavo, mientras toma fotos al basurero permanente y a cielo abierto que se extiende a las afueras de alguna de las riberas de Chiapa—. Pasa lo mismo que en todo: no hay supervisión ni vigilancia, y entonces los trabajos son de la peor calidad.

—Lo que debe hacerse con cien pesos, —calcula y continúa el ingeniero— viene construyéndose con 50 o incluso con 40 pesos. ¡50 o 60 por ciento de toda la inversión al bolsillo de los contratistas!… y yo continúo: al bolsillo de los subcontratistas recomendados y al de las grandes constructoras ligadas al gobierno del Estado y al gobierno federal; al bolsillo de los funcionarios relacionados con la licitación, o peor aún, a la simple asignación de las obras; al bolsillo de los políticos corruptos, quienes, desde los presidentes municipales, los diputados locales y federales, el propio gobernador, el secretario de Comunicaciones, y el mismísimo presidente de la República, reciben su tajada y entonces tenemos esto.

¡Que tan sólo después de tres o cuatro años, la carretera está en las mismas condiciones que antes! Aproches mal construidos, alcantarillas sueltas, desgajamientos de la cinta asfáltica, desaparición de cunetas, maleza que invade el camino, múltiples tubos de agua sobre los puentes, deficiente señalización, zonas hundidas o infiltradas por la humedad, riachuelos por en medio de la carretera, baches y hoyancos, y lo peor… tramos completos, extensos, totalmente destruidos. De donde se deduce la inexistencia de verdaderos revestimientos de argamasa, asfalto o chapapote. De donde se deriva que, en vez de pavimentos de dos, tres y hasta cuatro capas o revestimientos, sólo ponen gravas y materiales pétreos, petrolización y sólo algún manto de chapapote, con tal que la carretera se vea negra y pintada, mientras ocurre la inauguración.

Y sí, tienes razón, amigo Gustavo, le digo a la compañía. Lo que es proyectado con la máxima calidad y vale cien pesos, se construye finalmente con cuarenta, y entonces la eficacia de lo que se edifica, apenas llega al 40 por ciento de la calidad ofrecida. Toda, por otro lado, pagada absolutamente con nuestros impuestos. —Por lo que se comprende —dice el compa Tavo— que, si la carretera debería tener una duración de por lo menos quince años, tan sólo sirve para seis. O, como afirmo yo y demuestra la evidencia… no aguanta ni cuatro años.

Ahora, otro asunto es, por supuesto, el papel jugado por la gente sobre las carreteras, quienes en vez de ciudadanos se comportan como animales. Pues es visible su incultura o falta de ética: fantasmas rotos, señalizaciones derribadas y tramos completos de vallas metálicas, sustraídas. Comerciantes e incluso casas y jardineras sobrepuestas a la carretera, cercas y alambradas de ranchos y caseríos, exactamente junto al pavimento, violación sistemática del derecho de vía y un largo etcétera. No acabaríamos. Aunque en esto pesa también la ausencia del gobierno, al no aplicar las leyes.

Y finalmente, un asunto bochornoso en la “modernización de la carretera Tuxtla-Comalapa, vía el Valle Central, La Concordia y Chicomuselo”: que la inversión presupuestada por la SCT Secretaría de Comunicaciones y Transportes, aprobada por el Congreso de la Unión para la construcción ahora, del puente atirantado sobre el punto más angosto de la presa hidroeléctrica La Angostura… desde hace tiempo agotó hasta el último centavo, y mientras tanto, su construcción sólo va al 40 por ciento. ¡Exactamente el cálculo-pronóstico de las sinvergüenzadas, hecho por el ingeniero Gustavo! ¡Ya se gastaron el 100 por ciento de la lana, y la obra apenas va al 40 por ciento! Como diría mi padre —que en paz descansa— ¡Qué poca madre!

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